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LOS GRANDES AMORES DE JEAN COCTEAU

CRONOLOGÍA Naturalmente el propósito de esta nota no es el chisme sino iluminar algunos pasajes biográficos del más grande multiartista...

miércoles, 30 de enero de 2013

DEBUSSY, MALLARME Y OTROS FAUNOS

Dos poemas he admitido entre mis obsesiones más persistentes en relación al músico Claude Debussy: uno referido a su proposición musical, a partir de una anécdota ampliamente comentada en las biografías, sobre la respuesta que habría dado a uno de sus instructores ante la doble impetración: "¿Así que usted piensa que los acordes no deben resolverse? ¿Qué regla sigue usted, entonces?". Según los chismosos que han perpetuado esta historia hasta nuestros días, este mismo instructor del Conservatorio de París tenía la afición de llamar al joven Claude "maldito muchacho", cuando éste castigaba los tratados de armonía tradicional con sus nuevas relaciones tonales. El otro poema ya se instala directo en la evocación libre del mito del fauno, en cuya atención Debussy compusiera una de sus más sugestivas y contundentes obras, el poema sinfónico Preludio para la Siesta de un Fauno. El relato musical está basado, según es sabido, en el poema La Siesta de un Fauno de Stephan Mallarmé, con el que se repone la temática del bucolismo panteísta entre los parnasianos, si bien a mi jucio se exagera el análisis a su contenido simbolista desdeñando los rasgos pre-surrealistas que avisan un temprano punto de inflexión en la estética post-romántica, con expresiones y reflexiones que conectan un estado de ánimo propiamente decadente, atisbo del vicio estético y el marasmo gozoso que envolvería a la comunidad artística a fines del siglo XIX y principios del XX. Junto a mis poemas agrego el texto íntegro de esta pieza mayor de la historia literaria casi reciente, aún vigente dentro de la continuidad de expresiones de la lírica contemporánea, especialmente con el resurgimiento de los motivos clásicos en la poesía hispanoamericana. Es de esperar que esta buena costumbre que viene a compensar el mal gusto imperante en amplios sectores de escritores, engendre obras de peso antes de convertirse del todo en moda. Agrego también enlaces con experiencias audiovisuales del Preludio... que me parecen dignas de los ociosos selectos que buscan la emoción en estado puro tal y como debe ser, anacrónicamente insolente.


 


CLAUDE DEBUSSY ABANDONA SUS LECCIONES
de ACTAS DE (MALA) FE 


 
Algo menos obviedad,
            menos vicio, menos fe,
            menos conciencia,
menos razón de manos vencidas
colgando del catre, del retrete, del ataúd;
algo como el albatros ascendiendo a velocidad mortífera
para la escena de una caída que le devuelva la vida;
un niño con caramelo en la herida que detuvo su crecimiento
para la crueldad dulce de la cicatriz que lo hace crecer.
El mundo se muere, no turbéis su agonía,
bufones de la consagración, dejen en paz
                                                           a la Venus atrapamoscas
mientras deglute su presa
porque ese insecto puso su huevo
en un muerto bellísimo, más que el espanto de ser salvado.

Ahora mismo suena el ómnibus en el Faubourg Poissonnire
y ¿quién prueba que ese cromatismo
no sean gotas descendiendo en un vaso?
Falsas relaciones entre las horas y el reloj,
                                                                       falsas relaciones
entre el sueño y el durmiente.
En el jardín los perfumes se buscan para un acorde
incomprensible sin el viento que lo eructa.
Falsas relaciones entre el beso y el aliento,
entre el pedo y la nariz,
                                               la lengua y el banquete,
falsas relaciones entre las reglas y las excepciones,
en las exequias del mundo.
El festín del oído -le régal de l’ou-
                                                           está servido.

Un hombre más joven que los hijos que no tuvo
se sienta al piano a discernir órganos sanos
del cuerpo gangrenado del futuro.
Maurice recibe el agua de las macetas
que han sido regadas sobre el balcón
y Erick la reúne en su sombrero, lleno que esté
volverá a calárselo empapando su traje raído de cantinas.

Y así sea el alumno más brillante
o más acaudalado, se oirá decir
maldito muchacho
                                   ¿qué regla sigue usted?
Hojas en blanco, demasiadas, pesan tanto
como hojas arrugadas de relaciones verdaderas.
Se oirá un portazo, aullará un gato
y caerá en añicos un jarrón
con colores nauseabundos.
                                                           Se oirá
una respuesta:
                                   “mi fórmula
                                   es
                                               mon plaisir”.


***





VARIACIONES SOBRE EL TEMA DEL FAUNO
de MALAS COSTUMBRES


…y nuestra sangre, amando a quien viene a tomarla,
fluye por el eterno enjambre del deseo.



S. Mallarmé




Soy el fauno, niño, que duerme a la orilla de un lago. ¿Sabes donde quedan esas islas
atadas al destino de seres intangibles?
No te extrañes de mis pequeñas astas
y mis ancas lanudas. Niño, soy el fauno
que circula con las pezuñas en punta.
Es verdad que soy muy feo,
por eso esta mañana tenía en mis brazos
sendos cuerpos no superados por ideas anteriores;
no sé si nínfula o querube
porque todos los sexos huelen igual para mí
y el semen de ángel es estéril y dulce
y la sangre de nenúfar sabe a dientes de gema
pero las flores de las que danzan sobre loto
no abren vivas. Desperté y ya no estaban:
la belleza huye de mí porque a mi lado es más aguda
y no soporta conocerse cuando aproxima su imagen
en las riberas movedizas. Soy el fauno
que perdió su flauta persiguiendo niños
como tú, demasiado pobres para tener quien los escuche,
demasiado simples, demasiado felices.
En la noche floreal Debussy guarda luciérnagas
en una caja de sándalo
y el corno francés queda sonando entre las hojas de acanto.
Hay plumas que nunca tocan tierra, oh amado,
nunca cesan su pendular aéreo
cuando Mallarmé roza con pinceles de luz el rastro
de los seres fugitivos
y el arpa deshace las alas tardías
en la alineación de estrellas y fagot; deshace las uñas
de los niños como tú que permanecen en el soto
más allá del ocaso
para desnudarse y orinarse unos a otros
con el azúcar tibio del anís
y nadar entre corales prohibidos
y ocultar perlas devueltas por las ondas
mientras los sátiros les roban la ropa y las devuelven
a cambio de un beso. Pero Debussy reprende a los niños
que no llegan a tiempo al ejercicio.
Es preciso deducir el clarinete de las primeras fusas
con que la luna despacha a los infieles
que visitan otros jardines y delatan los mapas.
Hay gotas de sereno que nunca tocan el suelo
a merced de un viento que es interior tanto que más tenue.
Nureyev bebe directamente de ellas en el aire
porque su cuerpo es una llave de sol o un zarcillo
axilar al dibujo ingrávido de su reflejo en movimiento.
Por eso se le ama en el toalet, de pie, frente a un espejo
donde todos son príncipes de alguna isla secreta.
Mallarmé ríe en las iglesias recordando esos confines
y ríe en las calles con una botella de pernod oculta en la camisa,
mi niño, no lo saludes de día porque es nictálope
y juega a las cartas con Debussy
intercambiando signos del zodiaco, juega a las cartas
apostando ninfas,
comparando la duración de sus cópulas, distribuyendo
bronces y arcos sin un plan determinado
como una siembra de números perfectos.
Hay pétalos que nunca tocan tierrra, oh gracioso,
que nunca retroceden
cuando se internan a la sombra de los recios manglares.
Nureyev conoce ese punto de retorno
de los espirales al eje, de los insectos que suben
como corcheas para caer más alto cuando acaben
sus pocas horas de vida.
Pero los facinerosos siempre son adolescentes
y no huyen de mí aun si es verdad que soy tan feo,
no huyen de mi hedor ni de la marca
de mis patas bivalvas en la arena
y tú, niño, oirás esa canción y recordarás esa égloga
cuando estés entre los dueños de un mundo envejecido
y sonreirás a la hora del almuerzo
y estarás mucho rato antes de dormir
acariciando tu prepucio,
murmurando esa grácil melodía.


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STEPHAN MALLARMÉ
LA SIESTA DE UN FAUNO
(ÉGLOGA)


EL FAUNO:
¡Estas ninfas quisiera perpetuar!
Palpita
su granate ligero, y en el aire dormita
en sopor apretado.
¿Quizá yo un sueño amaba?
Mi duda, en oprimida noche remota, acaba
en más de una sutil rama que bien sería
los bosques mismos, al probar que me ofrecía
como triunfo la falta ideal de las rosas.
Reflexionemos...
¡Si las mujeres que glosas
un deseo figuran de tus sentidos magos!
Se escapa la ilusión de aquellos ojos vagos
y fríos, cual llorosa fuente, de la más casta:
mas la otra, en suspiros, dices tú que contrasta
como brisa del día cálida en tu toisón.
¡Que no! que por la inmóvil y lasa desazón
-el son con la frescura matinal en reyertano
murmura agua que mi flauta no revierta
al otero de acordes rociado; sólo el viento
fuera de los dos tubos pronto a exhalar su aliento
en árida llovizna derrame su conjuro;
es, en la línea tersa del horizonte puro,
el hálito visible y artificial, el vuelo
con que la inspiración ha conquistado el cielo.

Sicilianas orillas de charca soporosa
que al rencor de los soles mi vanidad acosa,
tácita bajo flores de centellas, decid
«Que yo cortaba juncos vencidos en la lid
por el talento; al oro glauco de las lejanas
verduras consagrando su viña a las fontanas:
Ondea una blancura animal en la siesta:
y que al preludio lento de que nace la fiesta,
vuelo de cisnes, ¡no! de náyades, se esquive
o se sumerja ...»
Fosca, la hora inerte avive
sin decir de qué modo sutil recogerá
hímenes anhelados por el que busca:
me erguiré firme entonces al inicial fervor,
recto y solo, entre olas antiguas de fulgor,
¡lis! uno de vosotros para la ingenuidad.
Sólo esta nada dócil, oh labios, propalad,
beso que suavemente perfidias asegura,
mi pecho virgen antes, muestra una mordedura
misteriosa, legado de algún augusto diente;
¡y basta! arcano tal buscó por confidente
junco gemelo y vasto que al sol da su tonada:
que, desviando de sí mejilla conturbada,
sueña en un solo lento, tramar en ocasiones
la belleza en redor quizá por confusiones
falsas entre ella misma y nuestra nota pura;
y de lograr, tan alto como el amor fulgura,
desvanecer del sueño sólito de costado
o dorso puro, por mi vista ciega espiado,
una línea vana monótona y sonora.
¡Quiere, pues, instrumento de fugas, turbadora
siringa, florecer en el lago en que aguardas!
Yo, en mi canto engreído, diré fábulas tardas
de las diosas; y, por idólatras pinturas,
a su sombra hurtaré todavía cinturas:
así, cuando a las vides. la claridad exprimo,
por desechar la pena que me conturba, mimo
risas alzo del racimo ya exhausto, al sol, y siento,
cuando a las luminosas pieles filtro mi aliento,
mirando a su trasluz una ávida embriaguez.
¡Oh ninfas, los recuerdos unamos otra vez!
«Mis ojos horadando los juncos, cada cuello
inmortal, que en las ondas hundía su destello
y un airado clamor al cielo desataba:
y el espléndido baño de cabellos volaba
entre temblor y claridad ¡oh pedrería!
Corro; cuando a mis pies alternan (se diría
por ser dos, degustando, langorosas, el mal)
dormidas sólo en medio de un abrazo fatal,
las sorprendo sin desenlazarlas, y listo
vuelo al macizo, de fútil sombra malquisto,
de rosas que desecan al sol todo perfume,
en que, como la tarde nuestra lid se resume. »
¡Yo te adoro, coraje de vírgenes, oh gala
feroz del sacro fardo desnudo que resbala
por huir de mi labio fogoso, y como un rayo
zozobra! De la carne misterioso desmayo;
de los pies de la cruel al alma de la buena
que abandona a la vez una inocencia, llena
de loco llanto y menos atristados vapores.
«Mi crimen es haber, tras de humillar temores
traidores desatado el intrincado nido
de besos que los dioses guardaban escondido;
pues yendo apenas a ocultar ardiente risa
tras los pliegues de una sola (sumisa
guardando para que su candidez liviana
se tiñera a la fiel emoción de su hermana
la pequeñuela, ingenua, sin saber de rubor):
ya de mis brazos muertos por incierto temblor,
esta presa, por siempre ingrata, se redime
sin piedad del sollozo de que embriagado vime.»
¡Peor! me arrastrarán otras hacia la vida
por la trenza a los cuernos de mi frente ceñida:
tú sabes mi pasión, que, púrpura y madura
toda granada brota y de abejas murmura;
y nuestra sangre loca por quien asirla quiere,
fluye por el enjambre del amor que no se muere.
Cuando el bosque de oro y cenizas se tiña,
una fiesta se exalta en la muriente viña:
¡Etna! En medio de ti, de Venus alegrado,
en tu lava imprimiendo su cotumo sagrado,
si un sueño triste se oye, si su fulgor se calma,
¡Tengo la reina!
¡Oh cierto castigo...
Pero el alma,
de palabras vacante, y este cuerpo sombrío
tarde sucumben al silencio del estío:
sin más, fuerza es dormir, lejano del rencor,
sobre la arena sitibunda, a mi sabor
la boca abierta al astro de vinos eficaces.
¡Oh par, adiós! la sombra miro a la que tomas.

(TRAD. OTTO DE GREIFF)

*******************
sitios recomendados:


1.- Animación por medio de un gráfico, de Preludio para la Siesta de un Fauno, de C. Debussy:


2.-Preludio para la Siesta de un Fauno, Orquesta Sinfónica de Boston, conduce Leonard Berstein:


3.- Rudolf Nureyev en la coreografía y rol principal de Preludio...:


4.- Artículo breve con análisis biográfico sobre Claude Debussy:


5.- Arabesco Nº 1, andante, de C. Debussy:


6.- Clair de lune, de C. Debussy:






J. Bidgood; Pan; Bobby Kendall (modelo)


BUCÓLICA DE PANDILLA

{La escena de inspiración ocurrió a mediados de los años 90 en una localidad cordillerana de la Región de O''higgins. Las obras que se acompañan pertenecen al pintor, fotógrafo y anatomista Thomas Eakins (1844-1916).}






Se les ve rebozando jugo por la boca
al masticar fruta recién robada
y escupir la semilla como dardos.

Se les ve bañarse desnudos
y no se opacan entre sí, se confunden,
se completan en una sola explosión de movimiento
pero se van diferenciando con las horas
como girasoles en un sembrado:
sus semejanzas los distinguen.
Uno se unta chocolate en el ombligo
y otro alardea de amaestrar abejas.

Se les ve teñirse con barro y tiza de color
mutuamente filigranas y arabescos,
camuflajes de chamán o de mapache,
dedos embadurnados con rastro acariciante
o manos extendidas en la piel
sin dejar espacio descubierto
como agregando desnudos al desnudo.
El alfa es un bisoño al que apodan “Cobra”
por el coloso que cuelga entre sus piernas.
Toca rancheras en la armónica
mientras se miden en torneos de orina
o lían ramas de sauce para hacer cintillos.

Y no hay un modo de saber
si ser feliz es un buen comienzo para la vida.















viernes, 11 de enero de 2013

CHLAMYDIA PARA PRINCIPIANTES




No vi los girasoles de Van Goh
pero llegué temprano a tardía soledad
para hacer una canción enconada
o escribir una penúltima carta de despedida.
Tengo poca trayectoria, me explico mal,
recién cumplo 21 desde que tengo 20,
no es edad para contagios leves
y sólo sé hacer bien el papel de juez y parte.
Entonces me miré el corazón
y daba pus, me apreté el dedo meñique,
el ombligo del alma daba pus,
mi mente daba pus y mis pies tasaron
una arena que caía de mis ropas
de hace dos tallas atrás
cuando la fiebre me empujaba sonámbulo
a las faldas de un monte de migas de pan
en movimiento. Eso pude ver
y calas de agua con raíces de cera
y medusas de cama. Pero no todo olía
a aniversario, también el desmayo
sugería a Bach en variaciones o fugas de otras vidas.
Y picaba una zona delgada
entre el espíritu y el vacío, conectado éste al cuerpo
por un hilo rojo que también picaba.
Pregunté sobre eso al curandero; me dijo: es normal,
se quita cuando hayas visto colores mal nacidos.
Los trigales de Van Goh eran flor de loto
y zancudos los cuervos, me acerqué
con el impulso de la TETRACICLINA
que comprueba quel universo es una falacia
o a lo más un virus que aún no tiene cura.


Los protozoos muestran a las claras que no hay expansión
sino contracciones atenuadas con KETOPROFENO,
responsables de la luz cinérea
y de ese ahogo congénito
o temor reverencial ante el abismo
que empuja a las supercherías de la ciencia.
Derrocado en medio del ajedrez,
embotado del olor a levadura del escroto
y el sabor de unas almendras amargas
que estoy seguro de no haber comido
regresé de los climas pegajosos
sin ver los girasoles, sin ver el túnel
por donde vuelven a la vida los vagabundos,
sin ver la aguja de pespuntear edades,
regresé. Un desconocido reclamaba como propios
mi nombre y mi rostro. Me estaba haciendo guardia.
Dijo: no puedes quejarte, la tuya
es la mejor mala suerte que haya visto.

El principio fue bacteria
y el único Mesías es un vibrión corrosivo,
epónimo de las vidas
que orbitan al margen
de los amores venenosos
sin posible prescripción que tenga resultado.



© Leonidas Rubio 2013

sábado, 5 de enero de 2013

Sigur Rós





La vida es canción de esto que nos pasa,
un relato que persiste sin nuestra atención,
con poco más enigma que un coro de libres
emergiendo de un mundo que acaba de nacer
y queda detenido
en los elementos salvajes de la inocencia,
cuatro formas del agua virgen que se prolonga en un cuarto
donde un hombre clava los ojos
en la página en blanco del cielorraso
o entre el espesor de objetos vencidos por la vagancia de conceptos
en rincones que se estrechan
allí donde alguien es demasiado joven para arrepentirse
y demasiado viejo para recordar
cuándo acertó su primer presentimiento negro.
Invita a un dolor que busca dónde percutirse,
incita a una guitarra eléctrica frotada con un arco
como si fuese un tórax
o un piano de diapasón abierto en el ventrículo
o cajas o sienes percutidas con plumillas;
incita un color en inminencia de explosión
o una luz amenazada por razonamientos diurnos;
avanza entre violines con felices pesadumbres,
herraduras contra las siete patas de semana tras semana;
corroe y canta, murmura, atipla y puntúa suspensivo.
Hasta el pueblo más amable de la tierra
no lo sabe y lo presiente: ¿qué si se acabaron ya
las melodías posibles? ¿qué si se agotaron
los armónicos terrestres?
Tendría que caer una palabra en aguas termales
y salir a flote desollada
como en la edad de las nupcias de los reinos.
Tendríamos que hablar en vonlenska
ante la deserción de las lenguas.
Tendría que sonar más alto
la resurrección de los signos.



Post data


Asusta estar allí:
es demasiado biológico.
Si el cuerpo humano fuera un instrumento musical
así sonaría.

Me preguntas por qué no quiero darte a oír
sigur ros.
Es que aún necesitas conocer
un tiempo más
las superficies.



© Leonidas Rubio 2013