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LOS GRANDES AMORES DE JEAN COCTEAU

CRONOLOGÍA Naturalmente el propósito de esta nota no es el chisme sino iluminar algunos pasajes biográficos del más grande multiartista...

martes, 13 de diciembre de 2016

DESEMPOLVAR UN VIEJÍSIMO POEMA

No conservo el original, pero creo haberlo escrito hacia 1987 o mediados del '88. No es un tango técnicamente ya que la poesía apropiada para este género es más bien métrica y rimada. Pero predomina el verso agudo, con el que cierra de manera percutida, me parece. Cuando ordené los poemas de mi primera publicación, recién en 1994, bajo el título "Cuadernos de Emergencia" (ese libro de páginas negras), este poema ya era uno de los más antiguos. La idea de "la gente" respondía a una percepción política del momento, especialmente bajo los primeros atisbos democráticos hacia el final del régimen militar, donde los grupos alternativos usaban la consigna "gana la gente". Sin embargo el énfasis desolado e individualista del texto creo que prevalece, bajo una idea fija de insatisfacción que fue el hilo conductor de los poemas de ese conjunto. Mi expresión cambió muchísimo con posterioridad. Ahora veo los textos de ese período casi con la distancia de leer a otra persona. Pero aún ahora, con esa brecha, vuelvo a esos poemas de sintaxis quebrada e imágenes ansiosas, cuando necesito recuperar el pulso, especialmente cuando el pensamiento se subordina demasiado a lo racional y a la pérdida de ilusión a la que la madurez nos va condenando, a la cual no se resignan los poemas de juventud, en cualquier época y lugar del mundo.


















TANGO DE LA TARDE



Pasa la tarde por las calles de trasvida
pasa la calle por el silencio sin dirección
de la tarde anterior fagocitada en peso
Pasa la tarde pero queda lo creíble
La real sobre la sin consecuencia
conelespacioretenido
sin sucesión
la tarde consigo con cueros
desaparecidos en brevedades violentas
con murmullo fresco y cine para uno
con olor de atardecer telúrico
de religión moribunda en el olor a orto
la ermitaña con duendes
perdidos lejos de su cuento con campanas-mosca
doblando en la ropa cubierta de pelos

Veinte años no serán nada
pero una tarde es insoportable
Violento es el que ama el abandono
y sin embargo la mancha la mancha es cardinal

Cuelga la tarde legañosa
como un bálano con marcas de tejido
en su estuche de tarde en la mañana
a todas horas
la tarde vertical con el dorso dibujado
sin encuentros de agasajo sin novela
en el cogote las tardes de la gente
sin circo donde trabajar




jueves, 8 de diciembre de 2016

POEMAS DE BATALLA

TODO PASÓ TAN RÁPIDO
(de Índex, Ed. Etcétera,Concepción, 2015



Tampico, 4 de junio de 2013; la asociación criminal Cártel del Golfo atrapa y ejecuta por decapitación a un muchacho proveniente de Honduras al que atribuyó colaboración con un cártel adversario. La ejecución por medio de un machete se llevó a cabo en no más de 2 minutos. Los captores registraron un video con la secuencia del interrogatorio seguido del crimen. La víctima, según su propia identificación, tenía 15 años.

(Agencia Narconoticias).














Donde nací las balas zumban mientras se afirma el esfínter
y las primeras palabras son una bala pegada en el muro
parecida a marcas de cuchillo en el umbral
para registrar el crecimiento, los bordes de la cabeza
que alguien después querrá cortar, o la rigidez del pequeño falo
que no servirá de mucho aunque durante su elongación
logrará privar de forma a algunos fantasmas.
Donde yo nací la sangre se devuelve por los caños
y aparece en los manteles transfigurada en vino sin mediar milagros.
La sangre de la menarquía se confunde con un remoto sacrificio
y fragmentos humanos pueden aparecer debajo de la cama,
trozos de palabras en un idioma cercenado,
tirado al piso como un cadáver ridículamente exquisito,
o una selva lujuriosa metida en los zapatos
y unos cuántos mosquitos fosilizados debajo del prepucio.
Todo pasó tan rápido entre la cuna y la iglesia,
entre la iglesia y la primaria donde vi muchos cuerpos
desnudos por muerte, por sueño o por vicio
parecido al momento en que los mayas pasaron del templo
a la hoja afilada de la luna, que entre la gula y la lujuria no distingue
con tal de que la sangre no deje de mover la rueda
y los toltecas imperiales cortaron los cuellos y carótidas de los quichés
casi sin aviso, dejándose caer con redes y cepos
por la noche, por los chozas, simulándose raíces o serpientes
con la misma prontitud que se asalta para penetrar todo orificio
siempre abierto a la violencia de los vientos
venidos de todas direcciones, y multiplicar la carne para los altares
de los sacrificios exigidos por la Señora de Mictlán
y las fosas abiertas siempre listas para recibir los despojos
y las raíces y las sierpes siempre listas para recibir la misma sangre
que se da la vuelta y reaparece llamando en las nuevas emboscadas.
Todo fue tan rápido que no vi el filo, no vi el aura del dolor,
tan rápido el reguero de carne hecha añicos
entre Porfirio y Emiliano, un millón de castigados por faltas no sabidas,
por la resaca del morbo que rompe las vías de acceso
y mata, preña, ensucia, lacera o pinta el asco en los muros
sin derecho a réplica: te asalta, te sorprende, te seduce,
te conquista, te apasiona, te complace. Y así los aztecas
cazaron y hozaron sobre los quichés y España luego
dejó caer su bendición de acero sobre los aztecas
y todo fue veloz como si un acopio de muñecos desmembrados
tapara la luz del sol y no alcanzara la vista hasta sus bordes,
veloz hachazo, corte experto
en la espina dorsal donde se da vuelta a la llave y no hay retorno.
Sicarios mataron hoy a sus opuestos y murieron mañana
y no alcanzaron a saber por qué peleaban pero antes succionaron
unos cuántos cientos de cuerpos en la fosa, similar a un desagüe
destapado con bichos caídos o absorbidos por el remolino del embudo.
Todo fue tan rápido como el día en que supe que si frotaba ese dedo
oculto en la entrepierna se pondría duro y lo estrené mal, tan rápido
con mis amigos y alguna flor incauta brotada de la escoria y luego regular
con compañero equis o hembra de una especie parecida
pero con una voz de miedo más agudo, y me enseñaron a morir
en pocos segundos por obra de un dios
que el deseo sacó de entre las sombras
de los húmedos manglares y forestas paleolíticas
donde es más fácil abrir y sellar la memoria
para devolver desde adentro del misterio esa semilla líquida e hirviente
hacia la tierra, que es el único paradero seguro.
Y en el amor recibí una luz quemante, el único chispazo
que recuerdo en el grito ahogado del placer, idéntico a una hoja
entrando por el cuello, tocando la aorta o la yugular en que se afirma
una precaria pero efectiva comprensión del edificio del asco
que sostiene al mundo, así tan rápido, tan repentino,
tan poca cosa como pueden ser 15 años
y ninguna definición preparada para contenerlo,
como las cruces de Cristo sobre el Teocalli
y las del Teocalli sobre el templo mayor de Palenque
y los cuchillos del Estado sobre las reparticiones,
los zapatistas contra los maderistas, los niños contra los viejos,
los viejos contra sus propios huesos y Tlatelolco acoplándose tan rápido
y Ayotzinapa encima de Tlatelolco costra sobre costra,
carteles sobre carteles sobre las ruinas de las ruinas
tan rápidas una sobre otra como las capas de mis míseros recuerdos
o mis ropas en crecimiento descontrolado
entre las babas de la infancia y los espasmos de la pubertad
casi sin aviso, sin friso, sin dintel, tan rápido,
la erección del sometimiento en medio del batallón
cuando alcanzo apenas a ver un rifle, un machete, un escalpelo
y todavía creo que he gritado cuando es precoz mi último derrame
y veo que el pre-seminal es también pre-mortal
y la mitad de mi cabeza aún me suministra oxígeno para olfatear la tierra
que mi rostro escarba mientras oteo de soslayo
mi cabeza separada de mi cuerpo
por un negocio que hacía mi madre para protegernos
con unos tipos verde camuflaje que llegaron tan rápido
y yo sin darme cuenta estaba en el centro de la piedra negra
donde Teotihuacán exige movimientos bruscos
y aún era miedo y un sabor maligno cuando fue oscuridad
que me mojaba debajo del ombligo y luego adentro
tan rápido que cuando pude entenderlo ya no permanecía.


ph: inconnue

















ELCIO

(Autocensurado de MALAS COSTUMBRES, 2013. 
Pertenece a Index 2016)


Él soñaba ser héroe de una guerrilla festiva.
A los 16 años no hay tiempo para el paso del tiempo.
Corrían los 80, el último pasadizo
antes de caminar sobre la carroña de la historia.
Un aire de realeza en decadencia
le daba a su nariz una llegada espiritual
hasta circunstancias que merecían ser carnales.
Un tic de principado en el exilio de suburbios
volvía o salía de su boca burilada
no menos que un pichón que se estrella contra un vidrio.
El jeans mal recortado hasta la rodilla
y sin prenda debajo, se desplazaba
como si estuviese en la selva librando desnudo una batalla.
Solía orinar en cualquier sitio
en un acto de generosidad hacia el mundo.
Siempre murmuraba una canción
que causaba inhabilidades para la vida cotidiana.
Se acostaba con todos menos conmigo:
en los parques, en las casas de seguridad clandestinas,
bajo los sauces del río, en los sitios eriazos
y entre los murallones ruinosos que dejó el terremoto.
A los 16 no hay tiempo para precauciones.
Él soñaba con la selva de aguas tibias
y olor a sexo salvaje de todas las criaturas.
Su deseo se cumplió, fue transferido
a cantar la Internacional a los trópicos ecuatoriales
donde hacen bacanales los niños violentos.
Es una obviedad morir
cuando el deseo conquista espesas latitudes
donde es difícil distinguir entre el alma y los insectos.
Algún pantano se tragó esos glúteos y ese nombre suyo
incomprensiblemente etruscos, destinados
a una cinta de Pasolini, a una foto de Von Pluschow
o a las cortes imperiales de Pompeyo
pero caídos por error en un siglo y en un barrio de tercera.
Alguien habló después de disciplina
porque era mejor cebar a las hormigas en la selva
que ceder a la viciosa tentación capitalista.
Todos olvidaron a Elcio, menos yo,
aunque se acostaba con todos, menos conmigo.

Franja de Gaza, 2014, ph: inconnue

INDIVIDUALISMO
(Inédito, diciembre 2016)


Un hombre flotando en una balsa
con toda la liquidez de la muerte por delante,
es un acto perfectamente autorreferencial,
en extremo egomaníaco.
Los tiburones que rodean al agonizante,
por oposición,
son un acto oceánicamente pluralista.

Un preso de la cárcel de El Morro
llamado Reinaldo Arenas
concentrando en sus costillas y en su pelvis
toda la solidez de la punta de fierro de las botas
es un acto esencialmente egoísta.

Los 8.000 fusilados del Che
-una eficiente y sistemática máquina de matar-
cada uno por separado,
teniendo la desfachatez de morirse
con su propio cuerpo y de su propia muerte,
cada uno a solas frente al pelotón,
es un epítome de exacerbado egocentrismo.

Un muchacho cubano que cae
en Angola o Mozambique,
en medio de la selva internacionalista,
que recuerda por unos pocos segundos
el beso de una de sus novias,
el rostro de su mejor amigo,
el sabor de su fruta favorita
y luego toma toda la muerte para él solo
y se la queda,
es un acto sumamente egocéntrico.
La nube de buitres en vuelo rasante,
en cálculo motor, en rapaz dogma
sobre el cadavre exquis, por oposición,
es una acción eólica, airadamente pluralista


Manifestación en Venezuela, 2013

(Tania Bruguera, performance; Cuba)











sábado, 26 de noviembre de 2016

LITERATURA CUBANA A PESAR DEL CASTRISMO (3)



Reinaldo Arenas:
ESA VOLUNTAD DE VIVIR MANIFESTÁNDOSE


Reinaldo Arenas nació en la provincia de Oriente, Cuba, en 1943 y se suicidó en Nueva York, EEUU, en 1990. Fue autor de una vasta obra narrativa en la que destacan los títulos "Celestino antes del alba" (1967), "El mundo alucinante" (1969) y su autobiografía póstuma "Antes que anochezca" (1992). Esta última fue llevada al cine el año 2000 por Julian Schnabel. 

Su obra poética está contenida en "El Central" (1981), "Voluntad de vivir manifestándose" ( 1989) y el volumen "Inferno" (2001), poesía completa reunida por Juan Abreu.

Fue prisionero político del régimen dictatorial de F. Castro entre 1974 y 1976, siendo destinado a la cárcel El Morro, donde se vive en condiciones infrahumanas y se practica la tortura en forma cotidiana. Salió de Cuba en 1980 a través del puerto Mariel durante un episodio histórico de migración masiva de disidentes autorizados por la tiranía castrista, como resultado de la presión popular y la solidaridad internacional. Poco antes de su determinación final, se le había diagnosticado VIH positivo. El año 2004 el director Manuel Zayas (Cuba, 1975) estrena el documental "Seres Extravagantes" basado en la biografía de Reinaldo Arenas, dedicado a la represión y la marginación de la homosexualidad durante las dos primeras décadas de la Revolución Cubana.


CARTA DE DESPEDIDA DE REINALDO ARENAS

(Al morir Reinaldo Arenas dejó varias copias de esta carta destinada a algunos de sus amigos:)

Queridos amigos: debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la libertad de Cuba, pongo fin a mi vida. En los últimos años, aunque me sentía muy enfermo, he podido terminar mi obra literaria, en la cual he trabajado por casi treinta años. Les dejo pues como legado todos mis terrores, pero también la esperanza de que pronto Cuba será libre. Me siento satisfecho con haber podido contribuir aunque modestamente al triunfo de esa libertad. Pongo fin a mi vida voluntariamente porque no puedo seguir trabajando. Ninguna de las personas que me rodean están comprometidas en esta decisión. Sólo hay un responsable: Fidel Castro. Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro, la soledad y las enfermedades que haya podido contraer en el destierro seguramente no las hubiera sufrido de haber vivido libre en mi país.

Al pueblo cubano tanto en el exilio como en la Isla los exhorto a que sigan luchando por la libertad. Mi mensaje no es un mensaje de derrota, sino de lucha y esperanza.

Cuba será libre. Yo ya lo soy.


ESA VOLUNTAD DE VIVIR MANIFESTÁNDOSE

Ahora me comen.
Ahora siento cómo suben y me tiran de las uñas.
Oigo su roer llegarme hasta los testículos.
Tierra, me echan tierra.
Bailan, bailan sobre este montón de tierra
y piedra
que me cubre.
Me aplastan y vituperan
repitiendo no sé qué aberrante resolución que me atañe.
Me han sepultado.
Han danzado sobre mí.
Han apisonado bien el suelo.
Se han ido, se han ido dejándome bien muerto y enterrado.
Este es mi momento.


(Prisión del Morro. La Habana, 1975)


ver más en:



***

Documentos para la memoria histórica contra el totalitarismo castro-comunista en Cuba.

El caso de Heberto Padilla (1932–2000)



DECLARACIÓN DE LA UNEAC
(La Habana, 15 de noviembre de 1968)



        El día 28 de octubre de este año se reunieron en sesión conjunta el comité director de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y los jurados extranjeros y naciona­les designados por ella en el concurso literario que, como en años anteriores, tuvo lugar en éste. El fin de dicha reunión era el de examinar juntos los premios otorgados a dos obras: en poesía, la titulada «Fuera del Juego», de Heberto Padilla, y en teatro, «Los siete contra Tebas», de Antón Arrufat. Ambas ofrecían puntos conflictivos en un orden político, los cuales no habían sido tomados en consideración al dictarse el fallo, según el parecer del comité director de la Unión. Luego de un amplísimo debate, que duró varias horas, en el que cada asistente se expresó con entera independencia, se tomaron los siguientes acuerdos, por unanimidad:
1.       Publicar las obras premiadas de Heberto Padilla en poesía y Antón Arrufat en teatro.
2.      El comité director insertará una nota en ambos libros expresando su desacuerdo con los mismos por entender que son ideológicamente contrarios a nuestra Revo­lución.
3.      Se incluirán los votos de los jurados sobre las obras discutidas, así como la expresión de las discrepancias mantenidas por algunos de dichos jurados con el co­mité ejecutivo de la UNEAC.

        En cumplimiento, pues, de lo anterior, el comité director de la UNEAC hace constar por este medio su total desacuerdo con los premios concedidos a las obras de poesía y teatro que, con sus autores, han sido mencionados al comienzo de este escrito. La dirección de la UNEAC no renuncia al derecho ni al deber de velar por el mantenimiento de los principios que informan nuestra Revolución, uno de los cuales es sin duda la defensa de ésta, así de los enemigos declarados y abiertos como —y son los más peligrosos— de aquellos otros que utilizan medios más arteros y sutiles para actuar.

        El IV Concurso Literario de la Unión Nacional de Escrito­res y Artistas de Cuba, tuvo lugar en momentos en que al­canzaban en nuestro país singular intensidad ciertos fenó­menos típicos de la lucha ideológica, presentes en toda revo­lución social profunda. Corrientes de ideas, posiciones y acti­tudes cuya raíz se nutre siempre de la sociedad abolida por la Revolución, se desarrollaron y crecieron, plegándose sutil­mente a los cambios y variaciones que imponía un proceso re­volucionario sin acomodamientos ni transigencias.

        El respeto de la revolución cubana por la libertad de ex­presión, demostrable en los hechos, no puede ser puesto en duda. Y la Unión de Escritores y Artistas, considerando que aquellos fenómenos desaparecerían progresivamente, barri­dos por un desarrollo económico y social que se reflejaría en la superestructura, autorizó la publicación en sus ediciones de textos literarios cuya ideología, en la superficie o subya­cente, andaba a veces muy lejos o se enfrentaba a los fines de nuestra revolución.

        Esta tolerancia, que buscaba la unión de todos los crea­dores literarios y artísticos, fue al parecer interpretada como un signo de debilidad, favorable a la intensificación de una lucha cuyo objetivo último no podía ser otro que el intento de socavar la indestructible firmeza ideológica de los revo­lucionarios.

        En los últimos meses hemos publicado varios libros, en los que en dimensión mayor o menor y por caminos diversos, se perseguía idéntico fin. Era evidente que la decisión de res­petar la libertad de expresión hasta el mismo límite en que ésta comienza a ser libertad para la expresión contrarrevolu­cionaria, estaba siendo considerada como el surgimiento de un clima de liberalismo sin orillas, producto siempre del aban­dono de los principios. Y esta interpretación es inadmisible, ya que nadie ignora, en Cuba o fuera de ella, que la caracte­rística más profunda y más hermosa de la revolución cubana, es precisamente su respeto y su irrenunciable fidelidad a los principios que son la raíz profunda de su vida.

        Como dijimos en dos de los seis géneros literarios concur­santes, Poesía y Teatro, la Dirección de la Unión encontró que los premios habían recaído en obras construidas sobre ele­mentos ideológicos francamente opuestos al pensamiento de la Revolución.

        En el caso del libro de poesía, desde su título: «Fuera del Juego», juzgado dentro del contexto general de la obra, deja explícita la auto-exclusión de su autor de la vida cubana.

        Padilla mantiene en sus páginas una ambigüedad mediante la cual pretende situar, en ocasiones, su discurso en otra la­titud. A veces es una dedicatoria a un poeta griego, a veces una alusión a otro país. Gracias a este expediente demasiado burdo cualquier descripción que siga no es aplicable a Cuba, y las comparaciones sólo podrán establecerse en la «concien­cia sucia» del que haga los paralelos. Es un recurso utilizado en la lucha revolucionaria que el autor quiere aplicar ahora precisamente, contra las fuerzas revolucionarias. Exonerado de sospechas, Padilla puede lanzarse a atacar la revolución cubana amparado en una referencia geográfica.

        Aparte de la ambigüedad ya mencionada, el autor man­tiene (los actitudes básicas: una criticista y otra antihistórica. Su criticismo se ejerce desde un distanciamiento que no es el compromiso activo que caracteriza a los revolucionarios. Este criticismo se ejerce además prescindiendo de todo juicio de valor sobre los objetivos finales de la Revolución y efec­tuando transposiciones de problemas que no encajan dentro de nuestra realidad. Su antihistoricismo se expresa por me­dio de la exaltación del individualismo frente a las demandas colectivas del pueblo en desarrollo histórico y manifestando su idea del tiempo como un círculo que se repite y no como una línea ascendente. Ambas actitudes han sido siempre tí­picas del pensamiento de derecha, y han servido tradicional­mente de instrumento de la contrarrevolución.

        En estos textos se realiza una defensa del individualismo frente a las necesidades de una sociedad que construye el futuro y significan una resistencia del hombre a convertirse en combustible social. Cuando Padilla expresa que se le arran­can sus órganos vitales y se le demanda que eche a andar, es la Revolución, exigente en los deberes colectivos quien des­membra al individuo y le pide que funcione socialmente. En la realidad cubana de hoy, el despegue económico que nos extraerá del subdesarrollo exige sacrificios personales y una contribución cotidiana de tareas para la sociedad. Esta de­fensa del aislamiento equivale a una resistencia a entregarse en los objetivos comunes, además de ser una defensa de su­peradas concepciones de la ideología liberal burguesa.

        Sin embargo para el que permanece al margen de la so­ciedad, fuera de juego, Padilla reserva sus homenajes. Dentro de la concepción general de este libro el que acepta la socie­dad revolucionaria es el conformista, el obediente. El desobe­diente, el que se abstiene, es el visionario que asume una ac­titud digna. En la conciencia de Padilla, el revolucionario baila como le piden que sea el baile y asiente incesantemente a todo lo que le ordenan, es el acomodado, el conformista que habla de los milagros que ocurren. Padilla, por otra parte, resulta el viejo temor orteguiano de las «minorías selectas» a ser sobrepasadas por una masividad en creciente desarrollo. Esto tiene, llevado a sus naturales consecuencias, un nombre en la nomenclatura política: fascismo.

        El autor realiza un trasplante mecánico de la actitud tí­pica del intelectual liberal dentro del capitalismo, sea ésta de escepticismo o de rechazo crítico. Pero si al efectuar la trans­posición, aquel intelectual honesto y rebelde que se opone a la inhumanidad de la llamada cultura de masas y a la cosi­ficación de la sociedad de consumo, mantiene su misma ac­titud dentro de un impetuoso desarrollo revolucionario, se convierte objetivamente en un reaccionario. Y esto es difícil de entender para el escritor contemporáneo que se abraza de­sesperadamente a su papel anticonformista y de conciencia colectiva, pues es ése el que le otorga su función social y cree -erróneamente-, que al desaparecer ese papel también será barrido como intelectual. No es el caso del autor que por haber vivido en ambas sociedades conoce el valor de una y otra actitud y selecciona deliberadamente.

        La revolución cubana no propone eliminar la crítica ni exi­ge que se le hagan loas ni cantos apologéticos. No pretende que los intelectuales sean corifeos sin criterio. La obra de la Revolución es su mejor defensora ante la historia, pero el in­telectual que se sitúa críticamente frente a la sociedad, debe saber que, moralmente, está obligado a contribuir también a la edificación revolucionaria.

        Al enfocar analíticamente la sociedad contemporánea, hay que tener en cuenta que los problemas de nuestra época no son abstractos, tienen apellido y están localizados muy con­cretamente. Debe definirse contra qué se lucha y en nombre de qué se combate. No es lo mismo el colonialismo que las luchas de liberación nacional; no es lo mismo el imperialismo que los países subyugados económicamente; no es lo mismo Cuba que Estados Unidos; no es lo mismo el fascismo que el comunismo, ni la dictadura del proletariado es similar en lo absoluto a las dictaduras castrenses latinoamericanas.

        Al hablar de la historia «como el golpe que debes apren­der a resistir», al afirmar que «ya tengo el horror / y hasta el remordimiento de pasado mañana» y en otro texto: «sabemos que en el día de hoy está el error / que alguien habrá de con­denar mañana» ve la historia como un enemigo, como un juez que va a castigar. Un revolucionario no teme a la historia, la ve, por el contrario, como la confirmación de su confianza en la transformación de la vida.

        Pero Padilla apuesta sobre el error presente —sin contri­buir a su enmienda—, y su escepticismo se abre paso ya sin límites, cerrando todos los caminos: el individuo se disuelve en un presente sin objetivos y no tiene absolución posible en la historia. Sólo queda para el que vive en la revolución ab­jurar de su personalidad y de sus opiniones para convertirse en una cifra dentro de la muchedumbre para disolverse en la masa despersonalizada. Es la vieja concepción burguesa de la sociedad comunista.

        En otros textos Padilla trata de justificar, en un ejercicio de ficción y de enmascaramiento, su notorio ausentismo de su patria en los momentos difíciles en que ésta se ha enfrentado al imperialismo; y su inexistente militancia personal; con­vierte la dialéctica de la lucha de clases en la lucha de sexos; sugiere persecuciones y climas represivos en una revolución como la nuestra que se ha caracterizado por su generosidad y su apertura, identifica lo revolucionario con la ineficiencia y la torpeza; se conmueve con los contrarrevolucionarios que se marchan del país y con los que son fusilados por sus crí­menes contra el pueblo y sugiere complejas emboscadas con­tra sí que no pueden ser índice más que de un arrogante de­lirio de grandeza o de un profundo resentimiento. Resulta igualmente hiriente para nuestra sensibilidad que la Revolu­ción de Octubre sea encasillada en acusaciones como «el pu­ñetazo en plena cara y el empujón a medianoche», el terror que no puede ocultarse en el viento de la torre Spaskaya, las fronteras llenas de cárceles, el poeta «culto en los más oscu­ros crímenes de Stalin», los cincuenta años que constituyen un «círculo vicioso de lucha y de terror», el millón de cabezas cada noche, el verdugo con tareas de poeta, los viejos maes­tros duchos en el terror de nuestra época, etcétera.

        Si en definitiva en el proceso de la revolución soviética se cometieron errores, no es menos cierto que los logros —no mencionados en «El abedul de hierro»—, son más numerosos, y que resulta francamente chocante que a los revolucionarios bolcheviques, hombres de pureza intachable, verdaderos poe­tas de la transformación social, se les sitúe con falta de ob­jetividad histórica, irrespetuosidad hacia sus actos y descon­sideración de sus sacrificios.

        Sobre los demás poemas y sobre estos mencionados, deje­mos el juicio definitivo a la conciencia revolucionaria del lec­tor que sabrá captar qué mensaje se oculta entre tantas suge­rencias, alusiones, rodeos, ambigüedades e insinuaciones.

        Igualmente entendemos nuestro deber señalar que estima­mos una falta ética matizada de oportunismo que el autor en un texto publicado hace algunos meses, acusara a la UNEAC con calificativos denigrantes, y que en un breve lapso y sin que mediara una rectificación se sometiera al fallo de un concurso que esta institución convoca.

        También entendemos como una adhesión al enemigo, la de­fensa pública que el autor hizo del tránsfuga Guillermo Ca­brera Infante, quien se declaró públicamente traidor a la Re­volución.
        En última instancia concurren en el autor de este libro todo un conjunto de actitudes, opiniones, comentarios y pro­vocaciones que lo caracterizan y sitúan políticamente en tér­minos acordes a los criterios aquí expresados por la UNEAC, hechos que no eran del conocimiento de todos los jurados y que alargarían innecesariamente este prólogo de ser expuestos aquí.

        En cuanto a la obra de Antón Arrufat, «Los siete contra Tebas», no es preciso ser un lector extremadamente suspicaz, para establecer aproximaciones más o menos sutiles entre la realidad fingida que plantea la obra, y la realidad no menos fingida que la propaganda imperialista difunde por el mundo, proclamando que se trata de la realidad de Cuba revoluciona­ria. Es por esos caminos como se identifica a la «ciudad sitia­da» de esta versión de Esquilo con la «isla cautiva» de que hablara John F. Kennedy. Todos los elementos que el impe­rialismo yanqui quisiera que fuesen realidades cubanas, están en esta obra, desde el pueblo aterrado ante el invasor que se acerca (los mercenarios de Playa Girón estaban convenci­dos que iban a encontrar ese terror popular abriéndoles todos los caminos), hasta la angustia por la guerra que los habi­tantes de la ciudad (el Coro), describen como la suma del horror posible, dándonos implícito el pensamiento de que lo mejor sería evitar ese horror de una lucha fratricida, de una guerra entre hermanos. Aquí también hay una realidad fingida: los que abandonan su patria y van a guarecerse en la casa de los enemigos, a conspirar contra ella y prepararse para atacarla, dejan de ser hermanos para convertirse en trai­dores. Sobre el turbio fondo de un pueblo aterrado, Etéocles y Polinice dialogan a un mismo nivel de fraterna dignidad.

        Ahora bien: ¿a quién o a quiénes sirven estos libros? ¿Sir­ven a nuestra revolución, calumniada en esa forma, herida a traición por tales medios?
        Evidentemente, no. Nuestra convicción revolucionaria nos permite señalar que esa poesía y ese teatro sirven a nuestros enemigos, y sus autores son los artistas que ellos necesitan para alimentar su caballo de Troya a la hora en que el impe­rialismo se decida a poner en práctica su política de agresión bélica frontal contra Cuba. Prueba de ello son los comenta­rios que esta situación está mereciendo de cierta prensa yan­qui y europea occidental, y la defensa, abierta unas veces y «entreabierta» otras, que en esa prensa ha comenzado a suscitar. Está «en el juego», no fuera de él, ya lo sabemos, pero es útil repetirlo, es necesario no olvidarlo.

        En definitiva, se trata de una batalla ideológica, un enfren­tamiento político en medio de una revolución en marcha, a la que nadie podrá detener. En ella tomarán parte no sólo los creadores ya conocidos por su oficio, sino también los jóve­nes talentos que surgen en nuestra isla, y sin duda los que trabajan en otros campos de la producción y cuyo juicio es imprescindible, en una sociedad integral.

        En resumen: la dirección de la Unión de Escritores y Ar­tistas de Cuba rechaza el contenido ideológico del libro de poemas y de la obra teatral premiados.

        Es posible que tal medida pueda señalarse por nuestros enemigos declarados o encubiertos y por nuestros amigos confundidos, como un signo de endurecimiento. Por el con­trario, entendemos que ella será altamente saludable para la Revolución, porque significa su profundización y su fortale­cimiento al plantear abiertamente la lucha
ideológica.


Comité Director de la Unión
de Escritores y Artistas de Cuba

ver más en:


LITERATURA CUBANA A PESAR DEL CASTRISMO (2)

CRONOLOGÍA BÁSICA DE LEZAMA LIMA:



1910: Nacimiento en La Habana, Cuba

1928: Egreso del Instituto de La Habana con el grado de Bachiller en Ciencias y Letras

1930: Comienza estudios de Derecho en la Universidad de La Habana con interrupciones producidas por problemas políticos con el régimen de Gerardo Machado.

1935: Publicación de su primer ensayo: "Tiempo negado" en la revista Grafos. Retoma sus estudios de Derecho.

1937: Publica su primer poema reconocido: "Muerte de Narciso", que le valió los elogios y amistad de Juan Ramón Jiménez. Funda la Revista Verbum. Se titula de Abogado.

1939: Funda la Revista Espuela de Plata que mantendrá hasta 1941. Se articula en torno a su figura el influyente grupo literario Orígenes.

1944: Publicación de su primer libro de poemas "Enemigo rumor" y comienzo de la revista Orígenes que llegó a lanzar 40 números hasta 1956.

1945: Trabaja como funcionario en el Ministerio de Educación hasta 1959. Publica dos libros de poesía y dos ensayos.

1953: Disolución del grupo Orígenes por diferencias internas. Desaparición de la revista.

1961: Es nombrado director del Departamento de Literatura y Publicaciones del Instituto Nacional de Cultura por el recién instalado régimen revolucionario. Paralelamente le afecta la abolición de los derechos de autor y la estatización editorial que lo obliga a presentar todas sus publicaciones a un "comité de calificación previa".

1963: Encuentro con Julio Cortázar con quien se estrechan lazos de admiración mutua y colaboración hasta la ruptura política de 1968. 

1964: Muerte de su madre.

1965: Publicación de Antología de la Poesía Cubana en 3 volúmenes.

1966: Concluye y publica su novela en clave poética "Paradiso, en la que trabajó al menos desde 1949. El texto tiene 550 páginas. Es considerado por muchos su mayor obra y una de las mayores de la literatura hispanoamericana. La novela es elogiada y difundida enérgicamente en México (O. Paz y C. Monsiváis) y Argentina. 

1967: J. Cortázar publicará el ensayo "Para llegar a Lezama" en 1967. Por su parte Lezama hace el prólogo de la edición cubana de "Rayuela". Comienzan los problemas políticos de Lezama con el régimen castrista, cuya crítica oficial calificó la novela como "hermética, morbosa, instigadora de la homosexualidad, pornográfica y antisocialista". Dentro de Cuba es defendido tímidamente por su círculo cercano y por el escritor oficialista Alejo Carpentier. Si bien la edición había sido autorizada por el comité de censura, es retirada de circulación y prohibida.

1968: Participa como jurado en el Premio Casa de Las Américas, votando de manera unánime por el libro "Fuera del Juego" del poeta Heberto Padilla. Una vez resuelto el premio el libro es censurado por la UNEAC y el jurado es llamado a retractarse por calificar el libro ganador como "contrarrevolucionario". Lezama Lima junto a los otros integrantes del jurado muestran su decisión indeclinable de mantener el premio, por lo cual el mismo es publicado con una indicación de la UNEAC donde se declara la "lucha ideológica" contra el autor. Lezama Lima es despedido de su trabajo. Posteriormente Heberto Padilla es detenido bajo el cargo de "sedición contrarrevolucionaria". Ruptura a nivel continental entre los partidarios del régimen y los que se desmarcarán para siempre de él. Cortázar adhiere al terrorismo de Estado castrista y se produce su alejamiento definitivo de Lezama. Aun así se publica la edición mexicana de Paradiso bajo el cuidado de Cortázar y Monsiváis.

1969: A pesar de su enfriamiento con el régimen publica su Obra Poética Completa y dos volúmenes de ensayos.

1971: Con posterioridad al congreso de la UNEAC en que el dictador Castro declara su famoso "Dentro de la Revolución todo; fuera de la Revolución, nada", la obra de Lezama es prohibida, retirada de circulación y su nombre declarado bajo interdicción. Se cancelan todas sus intervenciones en público y pasa a vivir un estado de exilio interno y ostracismo. Escritores como Delfín Prat, Virgilio Piñera, Heberto Padilla y Reynaldo Arenas pasan a ser detenidos y amedrentados sistemáticamente. Padilla se libra de una condena por sedición aceptando una declaración autoinculpatoria y una delación compensada de escritores "contrarrevolucionarios" por lo que accede a un proceso de libertad vigilada y "reeducación contra la desviación ideológica". Según todos los analistas, Lezama Lima se salva de procesos similares gracias a su consolidación intelectual en amplios sectores dentro y fuera de Cuba.

1972: Recibe el Premio Maldoror de poesía en España pero no es autorizado a viajar a recogerlo.


1976: Luego de 4 años de aislamiento, prohibición y dificultades económicas se debilita su salud, en especial un cuadro crónico de asma que padece desde niño. Se enclaustra para evitar ser hospitalizado hasta que el 8 de agosto de ese año es trasladado por amigos, contra su voluntad, a un centro hospitalario donde fallece al día siguiente por un infarto cardio-respiratorio.

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AMISTAD ENTRE VIRGILIO Y LEZAMA


Fueron amigos y compartieron suertes parecidas: contraculturales políticamente incorrectos, el ostracismo que les impuso la brutalidad castrista alcanzó niveles casi homicidas en ambos casos. Diferencias: Lezama fue una especie de católico panteísta y Virgilio un ateo pagano. Lezama vivió su homosexualidad de manera ligeramente platónica con obsesión por los ideales helenistas de culto a la belleza y a la inteligencia masculina juvenil. Virgilio vivió la suya de manera abierta y frontal, dirigida hacia las expresiones más marginales del erotismo. Ambos integraron el jurado histórico del concurso UNEAC que concedió el segundo lugar a Reynaldo Arenas por Celestino antes del alba en 1962. Ambos fueron mentores del joven Reynaldo. Éste cuenta en sus memorias, Antes que anochezca, que el cadáver de Virgilio Piñera fue secuestrado por la Seguridad de Estado de Cuba para evitar aglomeraciones en torno suyo, y fue devuelto 3 horas antes del sepelio. Prácticamente no tuvo velatorio. También existe la hipótesis de que su muerte se debió a un operativo de eliminación, al igual que en el caso de Lezama, no obstante los datos al respecto no pasan de ser especulaciones. Lo que sí es cierto es que ambas figuras tomaron categórica distancia del oficialismo intelectual cubano desde el juicio inquisitorial a Heberto Padilla en adelante, pagando un alto costo personal. Sus historias fidedignas y su valoración plena aún están pendientes, porque ese fenómeno sólo podría darse en un contexto de término del sistema político que les hizo la vida imposible. Todo lo demás son maquillajes, si bien los intentos de rescate actual no dejan de ser significativos: el centenario de Virgilio Piñera fue recordado con coloquios y ponencias sobre su obra; el premio literario anual Casa de las Américas lleva el nombre de José Lezama Lima y sus obras completas se han editado en Cuba, a la par que el interés por su obra mayor, Paradiso, ha ido en aumento. Esta novela en su momento de publicación fue aislada y su difusión fue censurada por tratar resueltamente la temática homosexual. El año 2008 se estrenó la película El viajero inmóvil, de Tomás Piard, basada en esta novela, que el año 1999 fue catalogada en el quinto lugar de las mejores obras literarias del siglo XX, según una encuesta especializada de la revista Time.

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HEBERTO PADILLA: La libertad me autoriza.


Heberto Padilla es la piedra del tope de la libertad de expresión. No sólo concierne a la poesía sino también a la política y a la historia. Su desafío audaz y creativo al atontamiento cultural de Cuba bajo el régimen autócrata de los Castro le costó la cárcel, la tortura, la humillación, la pobreza, el ostracismo y finalmente el exilio. Sobre su caso guardaron silencio los políticos de izquierda de todo el mundo y la "intelectualidad" se dividió con contundente saldo a favor de aquellos que se pronunciaron de manera oportuna contra la censura y persecusión de que fue objeto el poeta de "Fuera del juego". Por Padilla la Revolución cubana perdió a Carlos Fuentes, Octavio Paz, Juan Rulfo, Vargas Llosa y casi casi a Sartre y Cortázar. Pero estos últimos recayeron en su obsecuencia y su lealtad a la tiranía monopartidista encabezada por uno de los charlatanes más crueles de la historia, el todavía poderoso Fidel. Cortázar retomó la ovejuna militancia con un texto, presuntamente un poema, que bien podría incluirse entre los mayores adefesios de la literatura moderna: "Policrítica en la hora de los chacales". En 1971 después de 38 días de prisión en aislamiento como el que se aplica al peor delincuente, Heberto Padilla debió hacer una "autocrítica" y declarar sus supuestos delitos de pensamiento y palabra. Una comisión de la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas Cubanos) devenida en tribunal popular le tomó declaración durante un interrogatorio público, ridícula y arteramente televisado. Padilla se autoflageló a la manera de Galileo durante su juicio frente a la Inquisión varios siglos antes y declaró algo parecido a que el sol gira en torno a la tierra para salvarse de la hoguera, pero al igual que el viejo astrónomo tuvo oportunidad de su "...y sin embargo se mueve". En realidad nadie puede pensar que su mentada autocrítica pueda haber sido proclamada en serio; antes bien es fácil sospechar una intención teatral que lleva al extremo la exposición de la miseria intelectual de sus adversarios a través de la ironía y el absurdo. Los esbirros del castrismo en su inagotable ceguera se dieron por satisfechos. Uno de aquellos comisarios, Norberto Fuentes desclasificó hace poco el texto íntegro del expediente que permanecía en su poder con el interrogatorio inquisitorial y la autoinculpación de Padilla. El caso viene a pertinencia en momentos que la UNEAC hace una especie de perestroika con su historial de crímenes contra la libertad de expresión, dentro del proceso de maquillaje político-cultural en el que está envuelto el gobierno del sucesor del trono castrista, el viejo pistolero Raúl, inventor de las UMAP. Pero hace falta reconstituir la escena porque sus implicancias son aún relevantes. Y hace falta sobre todo resituar a un poeta de grandes dimensiones, de perfil altamente diferenciado en el concierto de la poesía hispanoamericana contemporánea. Padilla ha sido omitido en las antologías más consagradas de poesía, como es el caso de la realizada con celebridad por José Olivio Jiménez para Alianza Editorial. Por fortuna es fácil obtener las fuentes no corruptas por el tiempo y no hay excusas para no conocer FUERA DEL JUEGO y la "Autocrítica", propuesta aquella como una obra literaria más, con el tragicómico contexto de haber sido inspirada por hechos reales, como una novela testimonial. 



No deja de ser sabroso el episodio de "Antes que anochezca" donde Reynaldo Arenas cuenta que se encuentra con Heberto Padilla en una calle de Miami y lo ve tan destruido y convaleciente de su propia experiencia, que más le da la idea de un alma en pena que de una persona. En efecto sus libros fueron perdiendo poco a poco la fuerza expresiva conforme avanzaba su vida, sin por ello dejar de ser poesía y con frecuencia poesía mayor. El maridaje lírico-narrativo, lo urbano, lo doméstico-cotidiano, la ironía son sus sellos indelebles, la mirada universal frente al hecho más pequeño, el ritmo de la idea, el verso prolijo, son su sello.

En los siguientes enlaces ofrezco los pdf de los textos más significativos de este emblemático proceso, con el fin de dejar a disposición de los interesados las pistas de un bochorno colectivo del que pueden seguir sacándose lecciones. Y la poesía sale victoriosa.


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