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LOS GRANDES AMORES DE JEAN COCTEAU

CRONOLOGÍA Naturalmente el propósito de esta nota no es el chisme sino iluminar algunos pasajes biográficos del más grande multiartista...

martes, 29 de marzo de 2016

LA HORA DE LAS EVIDENCIAS


En "Índex", Ed. Etcétera, Concepción, 2015



















Mi corazón se ha vuelto un motel de carretera
lleno de rumores.

Sixto Rodríguez


1


Una fotografía vieja de un juglar de los años 70
es la evidencia justa de que alguien puede vivir por nada,
morir por nadie, sin remordimientos, sin sentir sobre su cuello
la soga de ser acepción ideal de palabras que no se confiesan
más que bajo tortura: la auto-infligida.
Su guitarra puede ser un arma destartalada
con la cual combatirá en una selva maloliente,
atestada de carroña de creaturas enfermas
contratadas como extras de un largometraje
sobre la extinción de las especies
donde el director es un sobreviviente del ruido acumulado
por los escombros del recuerdo
y los instintos que usará por cargas explosivas
para evitar con su vejez la vejez de otros.
En el retrato puede verse que los niños
son fáciles de hechizar con música, como los ratones de Hamelin
y las multitudes buscarán ansiosas el momento oportuno
de bañarse denudas a la hora de descanso,
para probar la inutilidad de la belleza, su obstinada persistencia
en crear las condiciones para ser arrasados por fuego enemigo
mientras están absortos en una inútil armonía.

2

Mi alma está mojada, tiene miedo de moverse
porque podría hacer contacto con su ropa, que es mi cuerpo
y producir algunas descargas que afectarían el suministro
causando interrupciones en las sillas eléctricas
o en las camillas de electroshock
de millares de nobles hogares chilenos.
Es una buena hora para tomar por asalto
a los ángeles vigías que bajan la guardia
creyendo haber cantado bien su canción de cuna
o a aquellos que llegan al lecho como refugiados de guerra
mientras el nuevo bombardeo de luz se anuncia en el horizonte
y las alarmas del alba cruzan su punto de no retorno
en los ojos vidriosos de los insomnes.

3

Las cosas que se cuentan las personas asustadas
siempre hablan de muertes violentas que recuerdan cópulas
o viceversa, siempre se cantan al principio, se ríen al final
y se niegan, delatan guerras que no fueron advertidas,
descubren trampas programadas con el consentimiento
de los sacrificados, refutan las sobremesas
porque nunca tuvimos la edad que señalan las libretas,
nunca fue ése nuestro nombre,
los padres no existieron
y ese viejo juego de escondites secretos
estaba destinado a confirmar las sospechas de todos.

Sixto R con niños

enlace recomendado:






domingo, 20 de marzo de 2016

"LA ISLA EN PESO". HOMENAJE A VIRGILIO PIÑERA



Más allá de repetir aspectos biográficos de Virgilio Piñera que cualquier interesado puede consultar en otras fuentes, quisiera quedarme con la idea de que este autor parecía tener una tendencia natural para estar, incluso después de muerto, por obra y gracia de su palabra incómoda, siempre en el lugar equivocado. Sin embargo este lugar en su dimensión más puramente doméstica y acaso con el germen de lo que pudo ser un lugar ya no bajo sus pies sino en la historia de la literatura, pudo ser diferente. Virgilio Piñera vivió 12 años en Argentina, entre 1946 y 1958. Pudo quedarse allí, pudo tener otro destino. No hay registros entusiastas de la permanencia de Virgilio Piñera en Argentina. No se conocen grandes ediciones argentinas, seminarios, reportajes contundentes ni eco alguno de su obra en ese país, incluso bajo la salvedad de mencionar la publicación de "Dos viejos pánicos" que en 1968 viene blindado por el Premio Casa de las Américas y por tanto frente a la intelectualidad de izquierda tiene visa. Es posible que la intelectualidad argentina, copada del todo por la izquierda tendencial, persista en arrojar un manto de olvido sobre la obra del inclasificable cubano. Por otra parte cabe recordar que en 1959 la Municipalidad de Buenos Aires censuró la circulación de Lolita de Nabokov y no hubo intelectual de izquierda que lo denunciara. Ese mismo año Piñera vuelve a Cuba y ve llegar la nueva forma de totalitarismo que sucederá a la dictadura de Batista en un país que nunca en toda su vida republicana ha conocido la democracia plena.

Virgilio Piñera discrepaba del clericalismo cultural de la corriente predominante durante el período pre-revolucionario y luego discrepó de la ortodoxia dogmática y policial del período post-revolucionario. Tuvo, por así decir, dos frentes de batalla que en el fondo eran uno mismo: la lucha por ser quién era. En el esfuerzo por conservar esta identidad amenazada, su condición homosexual aparece resignificada políticamente a partir de la persecución organizada que emprendió el régimen castrista contra ese segmento social. No es un activismo deliberado y dista mucho de ser la postura confrontacional de los círculos queer que hoy en día tienen tanta tribuna, con una contradictoria e hipócrita militancia de izquierda. La condición sexual anti-normativa y contracultural de Virgilio Piñera, así como fue el caso de Reinaldo Arenas y miles de ciudadanos cubanos que pasaron por los campos de concentración de las UMAP y otras formas de humillación y represión del sistema, es, más allá de cualquier postura política, una lucha por la sobrevivencia. Cabe hacer notar que el propio régimen castrista ha puesto a la cabeza de un departamento estatal para aplicación de políticas hacia la "diversidad sexual" a la propia hija de Raúl Castro que fue el organizador y gestor directo de las UMAP. La conocida comisaria Mariela Castro hasta la fecha no ha realizado un catastro ni ha aplicado un procedimiento de compensaciones a los afectados por represión y persecución estatal hacia las orientaciones sexuales no hetero-normativas durante el oscuro período que va desde 1961 hasta el episodio del desembarco del Mariel. Aun así la figura de Virgilio Piñera ha sido utilizada últimamente por algunos sectores de la intelectualidad cubana para dar una imagen de blanqueamiento del sistema o de aparente normalidad, limitándose a la difusión de reediciones de su obra, como es posible apreciar en el repugnante sitio de propaganda oficialista del castrismo, "Cubadebate".

Guillermo Cabrera Infante y Juan Goytisolo cuentan que Ernesto Guevara durante una visita a la embajada cubana en Argelia, lanzó por los aires un ejemplar del "Teatro Completo" de Piñera que encontró sobre un escritorio diciendo con gran molestia y tono intimidante "¿quién lee acá a este maricón?". En efecto, el tristemente célebre Che Guevara y Virgilio Piñera representaban, en muchos sentidos dos antítesis. El Che siempre bajo efecto de esa personalidad mesiánica y dogmática de exterminador que había adoptado, se mostraba imbatible, arrogante, agresor, con una presencia física teatralmente imponente (siempre el caminar cuadrado, la pistola al cinto, el uniforme), en tanto Piñera en las antípodas, era el ser esmirriado y casi tímido, sardónico, sensitivo y anti-dogmático por excelencia. Bajo esa circunstancia (tan parecida a la maldición del agua por todas partes) Piñera participó en la serie de reuniones entre los intelectuales cubanos y la dirigencia del Estado a propósito de la censura al documental "P.M". Cuenta Cabrera Infante en sus memorias que en una de las reuniones se pide la palabra y Virgilio Piñera frágil como una hoja al viento, toma el micrófono y declara en frente del propio Fidel Castro: "Yo quiero decir que tengo mucho miedo. No sé por qué tengo ese miedo pero eso es todo lo que tengo para decir". Ese ciclo de encuentros concluyó con el conocido lema militar de Castro en su "Palabra a los intelectuales", cuando dice "dentro de la Revolución todo; fuera de la Revolución, nada". Naturalmente el ámbito de esa nada fue siempre mucho mayor porque la no pertenencia de la cultura expresa todo cuanto no es posible de vigilar y castigar por un régimen.

Es memorable el episodio contado por Reinaldo Arenas donde se dice que al producirse la muerte de Virgilio Piñera en octubre de 1979 el féretro con el cadáver fue secuestrado por la seguridad de Estado en el mismo funeral y conducido a gran velocidad hacia el cementerio de Colón por vehículos oficiales. La tragicómica escena cierra así un ciclo de vida marcado por el susurro, el miedo a la delación, el espionaje, la censura y la autocensura permanente.

Plantado frente al lenguaje poético cubano de su época desde el lado de un anti-barroquismo, desde el lado de un anti-pintoresquismo y un anti-optimismo tropical, construye un texto exuberante, barroco a su modo, surreal, con las densidades simbólicas insoslayables del trópico respecto de un hablante soporífero que resiste el pasmo con un lente hiperlúcido. Cintio Vitier llamó "antipoesía" a la propuesta de Piñera, pero este título no logró jamás asentarse con la misma fortuna que la corriente designada por Nicanor Parra. Es uno de los textos más relevantes y menos canónicos de la primera mitad del siglo XX no sólo para la literatura cubana sino hispanoamericana en general. Su escasa difusión y la estigmatización de su autor aún permanecen.




 ***

LA ISLA EN PESO
Virgilio Piñera

 
La maldita circunstancia del agua por todas partes
me obliga a sentarme en la mesa del café.
Si no pensara que el agua me rodea como un cáncer
hubiera podido dormir a pierna suelta.
Mientras los muchachos se despojaban de sus ropas para nadar
doce personas morían en un cuarto por compresión.
Cuando a la madrugada la pordiosera resbala en el agua
en el preciso momento en que se lava uno de sus pezones,
me acostumbro al hedor del puerto,
me acostumbro a la misma mujer que invariablemente masturba,
noche a noche, al soldado de guardia en medio del sueño de los peces.
Una taza de café no puede alejar mi idea fija,
en otro tiempo yo vivía adánicamente.
¿Qué trajo la metamorfosis?

La eterna miseria que es el acto de recordar.
Si tú pudieras formar de nuevo aquellas combinaciones,
devolviéndome el país sin el agua,
me la bebería toda para escupir al cielo.
Pero he visto la música detenida en las caderas,
he visto a las negras bailando con vasos de ron en sus cabezas.
Hay que saltar del lecho con la firme convicción
de que tus dientes han crecido,
de que tu corazón te saldrá por la boca.
Aún flota en los arrecifes el uniforme del marinero ahogado.
Hay que saltar del lecho y buscar la vena mayor del mar para desangrarlo.
Me he puesto a pescar esponjas frenéticamente,
esos seres milagrosos que pueden desalojar hasta la última gota de agua
y vivir secamente.
Esta noche he llorado al conocer a una anciana
que ha vivido ciento ocho años rodeada de agua por todas partes.
Hay que morder, hay que gritar, hay que arañar.
He dado las últimas instrucciones.
El perfume de la piña puede detener a un pájaro.
Los once mulatos se disputaban el fruto,
los once mulatos fálicos murieron en la orilla de la playa.
He dado las últimas instrucciones.
Todos nos hemos desnudado.

Llegué cuando daban un vaso de aguardiente a la virgen bárbara,
cuando regaban ron por el suelo y los pies parecían lanzas,
justamente cuando un cuerpo en el lecho podría parecer impúdico,
justamente en el momento en que nadie cree en Dios.
Los primeros acordes y la antigüedad de este mundo:
hieráticamente una negra y una blanca y el líquido al saltar.
Para ponerme triste me huelo debajo de los brazos.
Es en este país donde no hay animales salvajes.
Pienso en los caballos de los conquistadores cubriendo a las yeguas,
pienso en el desconocido son del areíto
desaparecido para toda la eternidad,
ciertamente debo esforzarme a fin de poner en claro
el primer contacto carnal en este país, y el primer muerto.
Todos se ponen serios cuando el timbal abre la danza.
Solamente el europeo leía las meditaciones cartesianas.
El baile y la isla rodeada de agua por todas partes:
plumas de flamencos, espinas de pargo, ramos de albahaca, semillas de aguacate.
La nueva solemnidad de esta isla.
¡País mío, tan joven, no sabes definir!
¿Quién puede reír sobre esta roca fúnebre de los sacrificios de gallos?
Los dulces ñáñigos bajan sus puñales acompasadamente.
Como una guanábana un corazón puede ser traspasado sin cometer crimen,
sin embargo el bello aire se aleja de los palmares.
Una mano en el tres puede traer todo el siniestro color de los caimitos
más lustrosos que un espejo en el relente,
sin embargo el bello aire se aleja de los palmares,
si hundieras los dedos en su pulpa creerías en la música.
Mi madre fue picada por un alacrán cuando estaba embarazada.

¿Quién puede reír sobre esta roca de los sacrificios de gallos?
¿Quién se tiene a sí mismo cuando las claves chocan?
¿Quién desdeña ahogarse en la indefinible llamarada del flamboyán?
La sangre adolescente bebemos en las pulidas jícaras.
Ahora no pasa un tigre sino su descripción.

Las blancas dentaduras perforando la noche,
y también los famélicos dientes de los chinos esperando el desayuno
después de la doctrina cristiana.
Todavía puede esta gente salvarse del cielo,
pues al compás de los himnos las doncellas agitan diestramente
los falos de los hombres.
La impetuosa ola invade el extenso salón de las genuflexiones.
Nadie piensa en implorar, en dar gracias, en agradecer, en testimoniar.
La santidad se desinfla en una carcajada.
Sean los caóticos símbolos del amor los primeros objetos que palpe,
afortunadamente desconocemos la voluptuosidad y la caricia francesa,
desconocemos el perfecto gozador y la mujer pulpo,
desconocemos los espejos estratégicos,
no sabemos llevar la sífilis con la reposada elegancia de un cisne,
desconocemos que muy pronto vamos a practicar estas mortales elegancias.

Los cuerpos en la misteriosa llovizna tropical,
en la llovizna diurna, en la llovizna nocturna, siempre en la llovizna,
los cuerpos abriendo sus millones de ojos,
los cuerpos, dominados por la luz, se repliegan
ante el asesinato de la piel,
los cuerpos, devorando oleadas de luz, revientan como girasoles de fuego
encima de las aguas estáticas,
los cuerpos, en las aguas, como carbones apagados derivan hacia el mar.

Es la confusión, es el terror, es la abundancia,
es la virginidad que comienza a perderse.
Los mangos podridos en el lecho del río ofuscan mi razón,
y escalo el árbol más alto para caer como un fruto.

Nada podría detener este cuerpo destinado a los cascos de los caballos,
turbadoramente cogido entre la poesía y el sol.

Escolto bravamente el corazón traspasado,
clavo el estilete más agudo en la nuca de los durmientes.
El trópico salta y su chorro invade mi cabeza
pegada duramente contra la costra de la noche.
La piedad original de las auríferas arenas
ahoga sonoramente las yeguas españolas,
la tromba desordena las crines más oblicuas.
No puedo mirar con estos ojos dilatados.
Nadie sabe mirar, contemplar, desnudar un cuerpo.
Es la espantosa confusión de una mano en lo verde,
los estranguladores viajando en la franja del iris.
No sabría poblar de miradas el solitario curso del amor.

Me detengo en ciertas palabras tradicionales:
el aguacero, la siesta, el cañaveral, el tabaco,
con simple ademán, apenas si onomatopéyicamente,
titánicamente paso por encima de su música,
y digo: el agua, el mediodía, el azúcar, el humo.

Yo combino:
el aguacero pega en el lomo de los caballos,
la siesta atada a la cola de un caballo,
el cañaveral devorando a los caballos,
los caballos perdiéndose sigilosamente
en la tenebrosa emanación del tabaco,
el último gesto de los siboneyes mientras el humo pasa por la horquilla
como la carreta de la muerte,
el último ademán de los siboneyes,
y cavo esta tierra para encontrar los ídolos y hacerme una historia.

Los pueblos y sus historias en boca de todo el pueblo.

De pronto, el galeón cargado de oro se mete en la boca
de uno de los narradores,
y Cadmo, desdentado, se pone a tocar el bongó.
La vieja tristeza de Cadmo y su perdido prestigio:
en una isla tropical los últimos glóbulos rojos de un dragón
tiñen con imperial dignidad el manto de una decadencia.

Las historias eternas frente a la historia de una vez del sol,
las eternas historias de estas tierras paridoras de bufones y cotorras,
las eternas historias de los negros que fueron,
y de los blancos que no fueron,
o al revés o como os parezca mejor,
las eternas historias blancas, negras, amarillas, rojas, azules,
—toda la gama cromática reventando encima de mi cabeza en llamas—,
la eterna historia de la cínica sonrisa del europeo
llegado para apretar las tetas de mi madre.

El horroroso paseo circular,
el tenebroso juego de los pies sobre la arena circular,
el envenado movimiento del talón que rehúye el abanico del erizo,
los siniestros manglares, como un cinturón canceroso,
dan la vuelta a la isla,
los manglares y la fétida arena
aprietan los riñones de los moradores de la isla.

Sólo se eleva un flamenco absolutamente.

¡Nadie puede salir, nadie puede salir!
La vida del embudo y encima la nata de la rabia.
Nadie puede salir:
el tiburón más diminuto rehusaría transportar un cuerpo intacto.
Nadie puede salir:
una uva caleta cae en la frente de la criolla
que se abanica lánguidamente en una mecedora,
y "nadie puede salir" termina espantosamente en el choque de las claves.

Cada hombre comiendo fragmentos de la isla,
cada hombre devorando los frutos, las piedras y el excremento nutridor.
Cada hombre mordiendo el sitio dejado por su sombra,
cada hombre lanzando dentelladas en el vacío donde el sol se acostumbra,
cada hombre, abriendo su boca como una cisterna, embalsa el agua
del mar, pero como el caballo del barón de Munchausen,
la arroja patéticamente por su cuarto trasero,
cada hombre en el rencoroso trabajo de recortar
los bordes de la isla más bella del mundo,
cada hombre tratando de echar a andar a la bestia cruzada de cocuyos.

Pero la bestia es perezosa como un bello macho
y terca como una hembra primitiva.
Verdad es que la bestia atraviesa diariamente los cuatro momentos caóticos,
los cuatro momentos en que se la puede contemplar
—con la cabeza metida entre sus patas—escrutando el horizonte con ojo atroz,
los cuatro momentos en que se abre el cáncer:
madrugada, mediodía, crepúsculo y noche.

Las primeras gotas de una lluvia áspera golpean su espalda
hasta que la piel toma la resonancia de dos maracas pulsadas diestramente.
En este momento, como una sábana o como un pabellón de tregua, podría
desplegarse un agradable misterio,
pero la avalancha de verdes lujuriosos ahoga los mojados sones,
y la monotonía invade el envolvente túnel de las hojas.

El rastro luminoso de un sueño mal parido,
un carnaval que empieza con el canto del gallo,
la neblina cubriendo con su helado disfraz el escándalo de la sabana,
cada palma derramándose insolentemente en un verde juego de aguas,
perforan, con un triángulo incandescente, el pecho de los primeros aguadores,
y la columna de agua lanza sus vapores a la cara del sol cosida por un gallo.
Es la hora terrible.
Los devoradores de neblina se evaporan
hacia la parte más baja de la ciénaga,
y un caimán los pasa dulcemente a ojo.
Es la hora terrible.
La última salida de la luz de Yara
empuja a los caballos contra el fango.
Es la hora terrible.
Como un bólido la espantosa gallina cae,
y todo el mundo toma su café.

¿Pero qué puede el sol en un pueblo tan triste?
Las faenas del día se enroscan al cuello de los hombres
mientras la leche cae desesperadamente.
¿Qué puede el sol en un pueblo tan triste?

Con un lujo mortal los macheteros abren grandes claros en el monte,
la tristísima iguana salta barrocamente en un caño de sangre,
los macheteros, introduciendo cargas de claridad, se van ensombreciendo
hasta adquirir el tinte de un subterráneo egipcio.
¿Quién puede esperar clemencia en esta hora?

Confusamente un pueblo escapa de su propia piel
adormeciéndose con la claridad,
la fulminante droga que puede iniciar un sueño mortal
en los bellos ojos de hombres y mujeres,
en los inmensos y tenebrosos ojos de estas gentes
por los cuales la piel entra a no sé qué extraños ritos.

La piel, en esta hora, se extiende como un arrecife
y muerde su propia limitación,
la piel se pone a gritar como una loca, como una puerca cebada,
la piel trata de tapar su claridad con pencas de palma,
con yaguas traídas distraídamente por el viento,
la piel se tapa furiosamente con cotorras y pitahayas,
absurdamente se tapa con sombrías hojas de tabaco
y con restos de leyendas tenebrosas,
y cuando la piel no es sino una bola oscura,
la espantosa gallina pone un huevo blanquísimo.

¡Hay que tapar! ¡Hay que tapar!
Pero la claridad avanzada, invade
perversamente, oblicuamente, perpendicularmente,
la claridad es una enorme ventosa que chupa la sombra,
y las manos van lentamente hacia los ojos.

Los secretos más inconfesables son dichos:
la claridad mueve las lenguas,
la claridad mueve los brazos,
la claridad se precipita sobre un frutero de guayabas,
la claridad se precipita sobre los negros y los blancos,
la claridad se golpea a sí misma,
va de uno a otro lado convulsivamente,
empieza a estallar, a reventar, a rajarse,
la claridad empieza el alumbramiento más horroroso,
la claridad empieza a parir claridad.
Son las doce del día.

Todo un pueblo puede morir de luz como morir de peste.
Al mediodía el monte se puebla de hamacas invisibles,
y, echados, los hombres semejan hojas a la deriva sobre aguas metálicas.
En esta hora nadie sabría pronunciar el nombre más querido,
ni levantar una mano para acariciar un seno;
en esta hora del cáncer un extranjero llegado de playas remotas
preguntaría inútilmente qué proyectos tenemos
o cuántos hombres mueren de enfermedades tropicales en esta isla.
Nadie lo escucharía: las palmas de las manos vueltas hacia arriba,
los oídos obturados por el tapón de la somnolencia,
los poros tapiados con la cera de un fastidio elegante
y la mortal deglución de las glorias pasadas.

¿Dónde encontrar en este cielo sin nubes el trueno
cuyo estampido raje, de arriba a abajo, el tímpano de los durmientes?
¿Qué concha paleolítica reventaría con su bronco cuerno
el tímpano de los durmientes?
Los hombres-conchas, los hombres-macaos, los hombres-túneles.
¡Pueblo mío, tan joven, no sabes ordenar!
¡Pueblo mío, divinamente retórico, no sabes relatar!
Como la luz o la infancia aún no tienes un rostro.

De pronto el mediodía se pone en marcha,
se pone en marcha dentro de sí mismo,
el mediodía estático se mueve, se balancea,
el mediodía empieza a elevarse flatulentamente,
sus costuras amenazan reventar,
el mediodía sin cultura, sin gravedad, sin tragedia,
el mediodía orinando hacia arriba,
orinando en sentido inverso a la gran orinada
de Gargantúa en las torres de Notre Dame,
y todas esas historias, leídas por un isleño que no sabe
lo que es un cosmos resuelto.

Pero el mediodía se resuelve en crepúsculo y el mundo se perfile.
A la luz del crepúsculo una hoja de yagruma ordena su terciopelo,
su color plateado del envés es el primer espejo.
La bestia lo mira con su ojo atroz.
En este trance la pupila se dilata, se extiende como mundo se perfila,
hasta aprehender la hoja.
Entonces la bestia recorre con su ojo las formas sembradas en su lomo
y los hombres tirados contra su pecho.
Es la hora única para mirar la realidad en esta tierra.

No una mujer y un hombre frente a frente,
sino el contorno de una mujer y un hombre frente a frente,
entran ingrávidos en el amor,
de tal modo que Newton huye avergonzado.

Una guinea chilla para indicar el ángelus:
abrus precatorious, anona myristica, anona palustris.

Una letanía vegetal sin trasmundo se eleva
frente a los arcos floridos del amor:
Eugenia aromática, eugenia fragrans, eugenia plicatula.
El paraíso y el infierno estallan y sólo queda la tierra:
Ficus religiosa, ficus nitida, ficus suffocans.

La tierra produciendo por los siglos de los siglos:
Panicum colonum, panicum sanguinale, panicum maximum.
El recuerdo de una poesía natural, no codificada, me viene a los labios:
Árbol de poeta, árbol del amor, árbol del seso.

Una poesía exclusivamente de la boca como la saliva:
Flor de calentura, flor de cera, flor de la Y.

Una poesía microscópica:
Lágrimas de Job, lágrimas de Júpiter, lágrimas de amor.
Pero la noche se cierra sobre la poesía y las formas se esfuman.
En esta isla lo primero que la noche hace es despertar el olfato:
Todas las aletas de todas las narices azotan el aire
buscando una flor invisible;
la noche se pone a moler millares de pétalos,
la noche se cruza de paralelos y meridianos de olor,
los cuerpos se encuentran en el olor,
se reconocen en este olor único que nuestra noche sabe provocar;
el olor lleva la batuta de las cosas que pasan por la noche,
el olor entra en el baile, se aprieta contra el güiro,
el olor sale por la boca de los instrumentos musicales,
se posa en el pie de los bailadores,
el corro de los presentes devora cantidades de olor,
abre la puerta y las parejas se suman a la noche.

La noche es un mango, es una piña, es un jazmín,
la noche es un árbol frente a otro árbol sin mover sus ramas,
la noche es un insulto perfumado en la mejilla de la bestia;
una noche esterilizada. una noche sin almas en pena,
sin memoria, sin historia, una noche antillana;
una noche interrumpida por el europeo,
el inevitable personaje de paso que deja su cagada ilustre,
a lo sumo, quinientos años, un suspiro en el rodar de la noche antillana,
una excrecencia vencida por el olor de la noche antillana.

¡No importa que sea una procesión, una conga,
una comparsa, un desfile.
La noche invade con su olor y todos quieren copular.
El olor sabe arrancar las máscaras de la civilización,
sabe que el hombre y la mujer se encontrarán sin falta en el platanal.
¡Musa paradisíaca, ampara a los amantes!

No hay que ganar el cielo para gozarlo,
dos cuerpos en el platanal valen tanto como la primera pareja,
la odiosa pareja que sirvió para marcar la separación.
¡Musa paradisíaca, ampara a los amantes!
No queremos potencias celestiales sino presencias terrestres,
que la tierra nos ampare, que nos ampare el deseo,
felizmente no llevamos el cielo en la masa de la sangre,
sólo sentimos su realidad física
por la comunicación de la lluvia al golpear nuestras cabezas.


Bajo la lluvia, bajo el olor, bajo todo lo que es una realidad,
un pueblo se hace y se deshace dejando los testimonios:
un velorio, un guateque, una mano, un crimen,
revueltos, confundidos, fundidos en la resaca perpetua,
haciendo leves saludos, enseñando los dientes, golpeando sus riñones,
un pueblo desciende resuelto en enormes postas de abono,
sintiendo cómo el agua lo rodea por todas partes,
más abajo, más abajo, y el mar picando en sus espaldas;
un pueblo permanece junto a su bestia en la hora de partir,
aullando en el mar, devorando frutas, sacrificando animales,
siempre más abajo, hasta saber el peso de su isla,
el peso de una isla en el amor de un pueblo.


*****************

Nota: La primera y única edición de "La isla en peso" de Virgilio Piñera hecha en Chile corresponde a Revista Escarnio N° 55, La Serena, Daniel Cortés y Pía Ahumada editores. El sitio de la revista es: http://escarniorevista.blogspot.cl/


Enlaces recomendados:




Descargar pdf con "La isla en peso", más cronología y biografía de Virgilio Piñera:

http://www.mediafire.com/download/9x92gd38dn6l9az/isla+en+peso.+virgilio+pi%C3%B1era%282%29.pdf


miércoles, 16 de marzo de 2016

UN POEMA TARDÍO DE LEOPOLDO M. PANERO


Y CAÍN MATÓ A ABEL

de "Conjuros contra la vida", Leopoldo M. Panero; 2008. En "Poesía completa (2000-2010)"; Colección Visor de Poesía; edición a cargo de Túa Blesa, Madrid; 2012.



Yo, Caín, soy hermano del bueno de Abel. Frecuentemente le hacía chanzas, a propósito del bien, diciéndole "Qué aburrido es ser bueno, es en el mal donde está el único bien": y me reía de él. Mi hermano era muy triste, como tristes son las ovejas: pero yo era pastor del ser. Porque el ser es malo, y enfermo: la vida es una enfermedad mental.

Yo, Caín, solía volver borracho a la choza donde habitaba con mi hermano: y obstinadamente me reía de él, enseñándole una oveja con el dedo gordo de la mano.

El atardecer era la hora favorita de mi hermano, porque era triste como él, y como el bien.

Mi hermano bebía agua, y yo bebía de mi hiel.

Mis borracheras eran de perorata, y en ellas hablaba obstinadamente del ser, y de la vida como un agujero negro, como el reino de la hiel.

Éramos una extraña pareja, porque nos queríamos y a la vez nos odiábamos, como dicen que el mal quiere al bien. Y es que dicen que el hombre odia al hombre, y a la vez le quiere, como yo odiaba y quería a Abel.

Y él, otro de los días que le golpeaba, gritó "Qué vergüenza estar vivo y no ser querido".

Hasta que al final, uno de los días en que como siempre volvía ebrio a casa, le golpeé hasta matarle. Y desde entonces su recuerdo me persigue, y me persigue el sol como un ojo, recordándome a Abel.

Y sin embargo, yo no moría, era un moribundo pero no me moría: y comprendí entonces que era Yo, Caín y no Abel, el condenado a la vida eterna.





























(Imágenes de Anthony Gayton; 
"Caín y Abel" -fotografía intervenida- 
y estudios I y II -fotografías- sobre el mismo motivo)




domingo, 6 de marzo de 2016

ANIVERSARIO 70 DE DAVID GILMOUR




Haciendo una pésima parodia evangélica, me atrevo a decir que Syd Barrett fue Juan el Bautista, Roger Waters fue Paulo de Tarso, Nick y Rick fueron Pedro y Juan, los más fieles, los más buenos, los más puros de la hermandad… y David Gilmour ha sido Jesucristo.

Bienaventurados 70 Años sobre la tierra !!



El ranking de mejores guitarristas de la historia del rock de la revista Rolling Stone lo sitúa en el lugar 14. Un poco mezquino me parece a mí, dado que el parámetro parece ser la velocidad, el virtuosismo y la capacidad de tocar con los dientes. En el caso de Gilmour nunca ha habido tregua al éxito fácil. Él busca la emoción antes que el efecto. Su lenguaje se compone de frases veloces insertas cautelosamente en un armazón armónico donde prevalece la nota larga y arrastrada, la melodía, el acorde. La velocidad es el ripio de la estructura y él lo distribuye con oído experto. El efecto hipnótico de su ligado ascendente sin cambiar de espacio (por "estiramiento") es ya legendario. Se necesita. Su carrera es pareja, dentro y fuera de Pink Floyd. Su sonido es inconfundible.

Un recorrido por sus discos solistas:

1.- Gilmour (1978):

Un disco con sabor y textura del ocaso de los años 70. Equilibrio entre el pop y el rock. Sonido desmayado, seductor, sensual, puro en la voz, en las melodías perfectas, en la guitarra cristalina con un efecto discreto que prevalece, que alarga la armonía hacia el final del acorde y se queda en la cabeza: hipnótico, sonámbulo, dulce, pasional. Un disco mocho, con 9 track, porque el posible track número 10 le sonó demasiado a Pink Floyd y el todavía joven Gilmour quería ensanchar sus territorios. No sabía -no pudo saber- que esa lucha era su fortaleza. El tema desechado reflotó 10 años después en el monumental "Comfortably Numb", su pieza musical más emblemática que alcanzaría la madurez con un relato críptico de Roger Waters sobre alienación e infancia herida. ¿Cómo habría sido esa canción en el disco de Gilmour 78? (La historia se hace de enigmas más que de certezas). Este disco es casi paralelo a la composición de "Animals" (Pink Floyd 1977), talvez el mejor disco de Pink Floyd (musical y conceptualmente hablando, aunque no el más exitoso por ser ligeramente hermético). Entre ambos discos despacha la década del 70 y empieza a incorporar nuevos efectos de sonido, a desechar moderadamente el delay a favor del efecto pesado y nuevos ejes tecnológicos aplicados a su guitarra. Muchos de estos efectos y técnicas de su digitación marcaron escuela pero son en tal grado personales que no han podido traspasarse a otros guitarristas a riesgo de perder continuidad porque derechamente constituirían plagio. Talvez solo comparable con Neil Young, no hay otro guitarrista de rock contemporáneo que marque un estilo tan individual como David Gilmour. El eje, la viga maestra está entre el disco "Live en Pompeya" de Pink Floyd y el solista "Gilmour 78".

Mis temas favoritos de este disco, con sugerencia:

"So far away" (track 4)
"Raise my rent" (track 6)
"No way" (track 7)

2.- About face (1984):

Un disco virtuoso, un poco ruidoso, ligeramente efectista, de amplio lenguaje, con muchos momentos que reflejan búsquedas personales que ya configuran "Momentary Lapse of Reason" (Pink Floyd, 1987) a la vez que recuperan atmósferas que quedaron diluidas en el megaproyecto de "The Wall" (Pink Floyd, 1979). Hay que dejar reposar este disco en la mente hasta extrañarlo y cuando se vuelve a él, florece en toda su belleza, como un buen libro que debe releerse para tasarse en su medida.

Mis temas favoritos de este disco, con sugerencia:

"Murder" (track 02)
"Let's Get Metaphysical" (track 09)





3.- On an island (2006):


Con nada menos que 22 años de diferencia respecto del anterior, es la cima musical de Gilmour solista aunque no contiene nada que no hubiera ocurrido antes en discos propios o de Pink Floyd, salvo la ejecución del saxofón y la intervención de músicos tan ilustres como Robert Wyatt, David Crosby, Graham Nash y Zbigniew Preisner. Es sobresaliente la preferencia por un blues blanco bastante limpio y la búsqueda de atmósferas íntimas. La gira que acompañó este disco es de lo mejor que ha ocurrido en la historia de la música contemporánea, especialmente la cita "Live en Gdansk" (2008) con la intervención de la Orquesta Filarmónica Báltica bajo la batuta del genio Zbigniew Preisner.

Mis temas favoritos de este disco, con sugerencia:

"On an island" (track 02)
"Where we start" (track 10)
"A pocketful of stones" (track 09)
"Islam jam" (bonus track)


4.- Rattle that Lock (2015)


Un disco ligeramente cansado que se hizo simultáneamente al último álbum de Pink Floyd, "The endless river" (2014) en un impulso de despereza. No alcanza el nivel del anterior pero tiene al menos 4 canciones exquisitas. La ejecución y la limpieza técnica nunca decae pero las piezas instrumentales no parecen justificarse del todo en el contexto. El diseño gráfico y el trabajo de video clip que acompaña este disco es una propuesta de arte mayor pocas veces vista en la música popular.


Mis temas favoritos de este disco, con sugerencia:

"In Any Tongue" (track 06)
 "Faces of Stones" (track 03)
 "Rattle That Lock" (track 02)
 "Dancing Right In Front of Me" (track 05)


Otras observaciones improvisadas en su festejo:

"Dogs" es la mejor composición en la historia del rock del punto de vista armónico, instrumental y melódico.

"Live en Gdansk" es el mejor registro de rock sinfónico en la historia de este género, que por lo demás se inicia con "Atom heart mother".

Se suele distinguir entre 3 períodos de Pink Floyd asociados a cada uno de sus respectivos líderes (Barrett, Waters, Gilmour). Yo me atrevo a afirmar que son 4 y no 3. Luego de la salida de Barrett en 1968 se abre un período de creación colectiva que dura hasta 1975 al menos y empieza a declinar con la elaboración de Animals en el cual va predominando el personalismo paranoico de Waters. De todo este período y desde luego en forma definitiva luego de 1980 con la salida de Waters, se puede decir que el indiscutido líder musical de Pink Floyd fue Gilmour.

Aunque su poética es intimista y de bajo perfil, "Sorrow" no deja de ser una de las mejores letras del rock, con una atmósfera de sobriedad y melancolía de cuño muy británico, que recuerdan al mismísimo John Dowland y en poesía se aproxima a T. S. Eliot.

David Gilmour ha usado barba en solo dos momentos de su vida: en 1978 durante el tour de Animals y en la actualidad, ya canoso.

En cuanto al culto y leyenda sobre Syd Barrett, a diferencia de Waters y otros, Gilmour fue un amigo leal y paciente que le ayudó a grabar dos álbumes solistas contra todo lo previsto y en pleno derrumbe psiquiátrico. Es muy posible que la canción "Dominoes" de Barrett sea en realidad un arreglo de Gilmour.


Hay 3 canciones de Gilmour que siguen un patrón compositivo similar aunque tienen diferencias de tonalidad pero pueden escucharse de corrido: "Comfortably Numb", "Great Day for Freedom" y "In any Tongue". Aún más, si se aíslan los solos de guitarra de estos 3 temas, se acoplan como una sola música.

Aunque su fama de guitarrista excede a la de vocalista, él mismo ha dicho con justa razón que "un disco entero cantado por mí es menos cansador que un disco entero cantado por Roger". Posee un registro barítono bastante amplio con  llegada limpia a tonos altos y paso a falsete sin accidentes. Es un timbre dulce, con buen equilibrio entre plano y vibrato. Sus matices emocionales son muy efectivos, como es notorio en las escasas piezas de "The Wall" en las que intervino. 

El bajo fender en "Hey you" y todos los instrumentos de "Fat old sun" fueron grabados por él. Eso siembra bastante la duda sobre otros momentos musicales atribuidos o depredados por el maldito Waters. Afortunadamente Gilmour ha salvado los riff que aportó a las piezas modélicas de "The Wall" en varios temas posteriores, como en el caso de "Keep Talking". A propósito de esta canción, es un lugar común decir que Gilmour es parco y su propia cónyuge así lo señala en un documental, pero a mí me parece que es un sujeto bastante elocuente. Sus relatos sobre la preparación de los discos clásicos de la banda así como la biografía de Syd me parecen esclarecedores. Asimismo su forma de verbalizar el proceso creativo reflejan una mente versátil, con gran conexión entre lo emocional y lo intelectual. Sin embargo el lastre de ser parco al parecer ha calado hondo en su propia percepción pues tanto en "Keep Talking" como en "Talkin Hawking" concluye los temas con palabras del científico inglés Stephen Hawking que, en lo personal, me parecen de un idealismo más que discutible: "Sólo tenemos que asegurarnos de seguir hablando". Discrepo de eso. Cuánto más sería preferible comunicarse sólo musicalmente y en lo posible -ahora mismo-, callar.





jueves, 3 de marzo de 2016

UNA CANCIÓN DE MOBY PARA CONJURAR MARZO


EXTREME WAYS

La canción del marcianito calvo con la cruz tatuada en el dorso del cuello es una de las cosas difíciles de traducir que hay en la música popular. Siguiendo el conocido precepto de "para traducir no hay que saber idiomas", propongo esta versión que apela al sentido rítmico del relato y conserva los dobles sentidos. La idea de "mi mar me colorea perfectamente" es imposible de salvar ilesa sin conocer la puntuación del texto original. Los conectores se entorpecen. De todo ese forcejeo semántico sobrevive un texto crudo, fácil de intuir, que identifica ya sea por vivido o por deseado de vivirse. El estribillo dice que "entonces se rompió" con un vocativo afectivo medio sardónico. No puedo dejar de pensar que la imagen apela a la ruptura de un preservativo demasiado exigido por el roce violento de las escenas, el choque salvaje de los espacios que recorre la canción con un paralelo en el cuerpo. Se rompió el camino, el plan, el mapa, la estructura trazada y la pretendida comodidad de un final predecible. Se rompió el látex que cubría el sexo vivo y el río se salió de madre. Una canción que se impone desde la primera nota con una trayectoria de cuchillo en la que es imposible no atravesarse. Por cierto, lo más cercano que he escuchado a las notas del violín de la intro es una máquina aserradora de huesos en una carnicería. 

De esta canción se han grabado 3 versiones de estudio, todas asociadas a la saga fílmica de Jason Bourne (2002, 2007, 2012) y una versión en vivo incluida en el álbum "Moby Live Festival London" (2011). De todas las versiones me sigue pareciendo que la mejor es la clásica, original de 2002, en el track N° 9 del álbum "Moby, 18". El video original es igualmente insuperable.





EXTREME WAYS
Letra y Música: Moby



Extreme ways are back again
Extreme places I didn't know
I broke everything new again
Everything that I'd owned
I threw it out the windows
Came along extreme ways I know 
Move apart the colors of my sea
Perfect color me

Extreme ways that help me
That help me out late at night
Extreme places I had done
But never see any light
Dirty basements, dirty noise
Dirty places coming through
Extreme worlds alone
¿Did you ever like it planned?

I would stand in line for this
There's always room in life for this

Oh baby, oh baby
Then it fell apart, fell apart
Oh baby, oh baby
Like it always does, always does

Extreme songs that told me
They helped me down every night
I didn't have much to say
I didn't get above the light
I closed my eyes and closed myself
And closed my world and never
opened up to anything
That could get me along

I had to close down everything
I had to close down my mind
Too many things to cover me
Too much can make me blind
I've seen so much in so many places
So many heartaches, so many faces
So many dirty things
you couldn't believe

I would stand in line for this
It's always good in life for this

Oh baby, oh baby
Then it fell apart, fell apart
Oh baby, oh baby
Like it always does, always does

  
***

CAMINOS EXTREMOS
Letra y Música: Moby
Traducción libre: L. Rubio


Los caminos extremos han vuelto,
los lugares extremos que no conocía.
Rompí todo una vez más,
todo lo que poseía
lo arrojé por las ventanas.
Vienen también los caminos extremos que conozco,
y los que desaparecieron.
Los colores de mi mar me colorean perfectamente.

Caminos extremos que me ayudan,
que me salvan en las tardes y las noches.
Caminos extremos con los que ya he tratado,
pero nunca he visto en ellos una luz.
Sótanos sucios, ruido sucio,
lugares sucios que se cruzan,
mundos extremos siempre a solas
que me fueron planificando.

Me quedaría parado en la línea
pero siempre hay una habitación para esto en mi vida.

Oh, cariño, oh cariño,
entonces se rompió... se rompió
Oh, cariño, oh cariño,
como siempre pasa, siempre pasa.

Las canciones extremas que me dieron,
me recogen cada noche en la caída.
No tenía mucho qué decir,
no pasé por encima de la luz.
Cerré los ojos y me cerré a mí mismo,
y cerré mi mundo y nunca lo abrí a nada
que pudiera sacarme adelante.

Tuve que cerrar todo,
tuve que cerrar mi mente.
Tuve que cubrirme porque
demasiadas cosas pueden cegarme.
He visto tanto en tantos lugares,
tantos corazones rotos, tantos rostros,
tantas cosas sucias que no me creerías.

Me quedaría parado en la línea
pero siempre hay una habitación para esto en mi vida.

Oh, cariño, oh cariño,
entonces se rompió... se rompió
Oh, cariño, oh cariño,
como siempre pasa, siempre pasa.





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