sábado, 26 de noviembre de 2016

LITERATURA CUBANA A PESAR DEL CASTRISMO (3)



Reinaldo Arenas:
ESA VOLUNTAD DE VIVIR MANIFESTÁNDOSE


Reinaldo Arenas nació en la provincia de Oriente, Cuba, en 1943 y se suicidó en Nueva York, EEUU, en 1990. Fue autor de una vasta obra narrativa en la que destacan los títulos "Celestino antes del alba" (1967), "El mundo alucinante" (1969) y su autobiografía póstuma "Antes que anochezca" (1992). Esta última fue llevada al cine el año 2000 por Julian Schnabel. 

Su obra poética está contenida en "El Central" (1981), "Voluntad de vivir manifestándose" ( 1989) y el volumen "Inferno" (2001), poesía completa reunida por Juan Abreu.

Fue prisionero político del régimen dictatorial de F. Castro entre 1974 y 1976, siendo destinado a la cárcel El Morro, donde se vive en condiciones infrahumanas y se practica la tortura en forma cotidiana. Salió de Cuba en 1980 a través del puerto Mariel durante un episodio histórico de migración masiva de disidentes autorizados por la tiranía castrista, como resultado de la presión popular y la solidaridad internacional. Poco antes de su determinación final, se le había diagnosticado VIH positivo. El año 2004 el director Manuel Zayas (Cuba, 1975) estrena el documental "Seres Extravagantes" basado en la biografía de Reinaldo Arenas, dedicado a la represión y la marginación de la homosexualidad durante las dos primeras décadas de la Revolución Cubana.


CARTA DE DESPEDIDA DE REINALDO ARENAS

(Al morir Reinaldo Arenas dejó varias copias de esta carta destinada a algunos de sus amigos:)

Queridos amigos: debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la libertad de Cuba, pongo fin a mi vida. En los últimos años, aunque me sentía muy enfermo, he podido terminar mi obra literaria, en la cual he trabajado por casi treinta años. Les dejo pues como legado todos mis terrores, pero también la esperanza de que pronto Cuba será libre. Me siento satisfecho con haber podido contribuir aunque modestamente al triunfo de esa libertad. Pongo fin a mi vida voluntariamente porque no puedo seguir trabajando. Ninguna de las personas que me rodean están comprometidas en esta decisión. Sólo hay un responsable: Fidel Castro. Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro, la soledad y las enfermedades que haya podido contraer en el destierro seguramente no las hubiera sufrido de haber vivido libre en mi país.

Al pueblo cubano tanto en el exilio como en la Isla los exhorto a que sigan luchando por la libertad. Mi mensaje no es un mensaje de derrota, sino de lucha y esperanza.

Cuba será libre. Yo ya lo soy.


ESA VOLUNTAD DE VIVIR MANIFESTÁNDOSE

Ahora me comen.
Ahora siento cómo suben y me tiran de las uñas.
Oigo su roer llegarme hasta los testículos.
Tierra, me echan tierra.
Bailan, bailan sobre este montón de tierra
y piedra
que me cubre.
Me aplastan y vituperan
repitiendo no sé qué aberrante resolución que me atañe.
Me han sepultado.
Han danzado sobre mí.
Han apisonado bien el suelo.
Se han ido, se han ido dejándome bien muerto y enterrado.
Este es mi momento.


(Prisión del Morro. La Habana, 1975)


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Documentos para la memoria histórica contra el totalitarismo castro-comunista en Cuba.

El caso de Heberto Padilla (1932–2000)



DECLARACIÓN DE LA UNEAC
(La Habana, 15 de noviembre de 1968)



        El día 28 de octubre de este año se reunieron en sesión conjunta el comité director de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y los jurados extranjeros y naciona­les designados por ella en el concurso literario que, como en años anteriores, tuvo lugar en éste. El fin de dicha reunión era el de examinar juntos los premios otorgados a dos obras: en poesía, la titulada «Fuera del Juego», de Heberto Padilla, y en teatro, «Los siete contra Tebas», de Antón Arrufat. Ambas ofrecían puntos conflictivos en un orden político, los cuales no habían sido tomados en consideración al dictarse el fallo, según el parecer del comité director de la Unión. Luego de un amplísimo debate, que duró varias horas, en el que cada asistente se expresó con entera independencia, se tomaron los siguientes acuerdos, por unanimidad:
1.       Publicar las obras premiadas de Heberto Padilla en poesía y Antón Arrufat en teatro.
2.      El comité director insertará una nota en ambos libros expresando su desacuerdo con los mismos por entender que son ideológicamente contrarios a nuestra Revo­lución.
3.      Se incluirán los votos de los jurados sobre las obras discutidas, así como la expresión de las discrepancias mantenidas por algunos de dichos jurados con el co­mité ejecutivo de la UNEAC.

        En cumplimiento, pues, de lo anterior, el comité director de la UNEAC hace constar por este medio su total desacuerdo con los premios concedidos a las obras de poesía y teatro que, con sus autores, han sido mencionados al comienzo de este escrito. La dirección de la UNEAC no renuncia al derecho ni al deber de velar por el mantenimiento de los principios que informan nuestra Revolución, uno de los cuales es sin duda la defensa de ésta, así de los enemigos declarados y abiertos como —y son los más peligrosos— de aquellos otros que utilizan medios más arteros y sutiles para actuar.

        El IV Concurso Literario de la Unión Nacional de Escrito­res y Artistas de Cuba, tuvo lugar en momentos en que al­canzaban en nuestro país singular intensidad ciertos fenó­menos típicos de la lucha ideológica, presentes en toda revo­lución social profunda. Corrientes de ideas, posiciones y acti­tudes cuya raíz se nutre siempre de la sociedad abolida por la Revolución, se desarrollaron y crecieron, plegándose sutil­mente a los cambios y variaciones que imponía un proceso re­volucionario sin acomodamientos ni transigencias.

        El respeto de la revolución cubana por la libertad de ex­presión, demostrable en los hechos, no puede ser puesto en duda. Y la Unión de Escritores y Artistas, considerando que aquellos fenómenos desaparecerían progresivamente, barri­dos por un desarrollo económico y social que se reflejaría en la superestructura, autorizó la publicación en sus ediciones de textos literarios cuya ideología, en la superficie o subya­cente, andaba a veces muy lejos o se enfrentaba a los fines de nuestra revolución.

        Esta tolerancia, que buscaba la unión de todos los crea­dores literarios y artísticos, fue al parecer interpretada como un signo de debilidad, favorable a la intensificación de una lucha cuyo objetivo último no podía ser otro que el intento de socavar la indestructible firmeza ideológica de los revo­lucionarios.

        En los últimos meses hemos publicado varios libros, en los que en dimensión mayor o menor y por caminos diversos, se perseguía idéntico fin. Era evidente que la decisión de res­petar la libertad de expresión hasta el mismo límite en que ésta comienza a ser libertad para la expresión contrarrevolu­cionaria, estaba siendo considerada como el surgimiento de un clima de liberalismo sin orillas, producto siempre del aban­dono de los principios. Y esta interpretación es inadmisible, ya que nadie ignora, en Cuba o fuera de ella, que la caracte­rística más profunda y más hermosa de la revolución cubana, es precisamente su respeto y su irrenunciable fidelidad a los principios que son la raíz profunda de su vida.

        Como dijimos en dos de los seis géneros literarios concur­santes, Poesía y Teatro, la Dirección de la Unión encontró que los premios habían recaído en obras construidas sobre ele­mentos ideológicos francamente opuestos al pensamiento de la Revolución.

        En el caso del libro de poesía, desde su título: «Fuera del Juego», juzgado dentro del contexto general de la obra, deja explícita la auto-exclusión de su autor de la vida cubana.

        Padilla mantiene en sus páginas una ambigüedad mediante la cual pretende situar, en ocasiones, su discurso en otra la­titud. A veces es una dedicatoria a un poeta griego, a veces una alusión a otro país. Gracias a este expediente demasiado burdo cualquier descripción que siga no es aplicable a Cuba, y las comparaciones sólo podrán establecerse en la «concien­cia sucia» del que haga los paralelos. Es un recurso utilizado en la lucha revolucionaria que el autor quiere aplicar ahora precisamente, contra las fuerzas revolucionarias. Exonerado de sospechas, Padilla puede lanzarse a atacar la revolución cubana amparado en una referencia geográfica.

        Aparte de la ambigüedad ya mencionada, el autor man­tiene (los actitudes básicas: una criticista y otra antihistórica. Su criticismo se ejerce desde un distanciamiento que no es el compromiso activo que caracteriza a los revolucionarios. Este criticismo se ejerce además prescindiendo de todo juicio de valor sobre los objetivos finales de la Revolución y efec­tuando transposiciones de problemas que no encajan dentro de nuestra realidad. Su antihistoricismo se expresa por me­dio de la exaltación del individualismo frente a las demandas colectivas del pueblo en desarrollo histórico y manifestando su idea del tiempo como un círculo que se repite y no como una línea ascendente. Ambas actitudes han sido siempre tí­picas del pensamiento de derecha, y han servido tradicional­mente de instrumento de la contrarrevolución.

        En estos textos se realiza una defensa del individualismo frente a las necesidades de una sociedad que construye el futuro y significan una resistencia del hombre a convertirse en combustible social. Cuando Padilla expresa que se le arran­can sus órganos vitales y se le demanda que eche a andar, es la Revolución, exigente en los deberes colectivos quien des­membra al individuo y le pide que funcione socialmente. En la realidad cubana de hoy, el despegue económico que nos extraerá del subdesarrollo exige sacrificios personales y una contribución cotidiana de tareas para la sociedad. Esta de­fensa del aislamiento equivale a una resistencia a entregarse en los objetivos comunes, además de ser una defensa de su­peradas concepciones de la ideología liberal burguesa.

        Sin embargo para el que permanece al margen de la so­ciedad, fuera de juego, Padilla reserva sus homenajes. Dentro de la concepción general de este libro el que acepta la socie­dad revolucionaria es el conformista, el obediente. El desobe­diente, el que se abstiene, es el visionario que asume una ac­titud digna. En la conciencia de Padilla, el revolucionario baila como le piden que sea el baile y asiente incesantemente a todo lo que le ordenan, es el acomodado, el conformista que habla de los milagros que ocurren. Padilla, por otra parte, resulta el viejo temor orteguiano de las «minorías selectas» a ser sobrepasadas por una masividad en creciente desarrollo. Esto tiene, llevado a sus naturales consecuencias, un nombre en la nomenclatura política: fascismo.

        El autor realiza un trasplante mecánico de la actitud tí­pica del intelectual liberal dentro del capitalismo, sea ésta de escepticismo o de rechazo crítico. Pero si al efectuar la trans­posición, aquel intelectual honesto y rebelde que se opone a la inhumanidad de la llamada cultura de masas y a la cosi­ficación de la sociedad de consumo, mantiene su misma ac­titud dentro de un impetuoso desarrollo revolucionario, se convierte objetivamente en un reaccionario. Y esto es difícil de entender para el escritor contemporáneo que se abraza de­sesperadamente a su papel anticonformista y de conciencia colectiva, pues es ése el que le otorga su función social y cree -erróneamente-, que al desaparecer ese papel también será barrido como intelectual. No es el caso del autor que por haber vivido en ambas sociedades conoce el valor de una y otra actitud y selecciona deliberadamente.

        La revolución cubana no propone eliminar la crítica ni exi­ge que se le hagan loas ni cantos apologéticos. No pretende que los intelectuales sean corifeos sin criterio. La obra de la Revolución es su mejor defensora ante la historia, pero el in­telectual que se sitúa críticamente frente a la sociedad, debe saber que, moralmente, está obligado a contribuir también a la edificación revolucionaria.

        Al enfocar analíticamente la sociedad contemporánea, hay que tener en cuenta que los problemas de nuestra época no son abstractos, tienen apellido y están localizados muy con­cretamente. Debe definirse contra qué se lucha y en nombre de qué se combate. No es lo mismo el colonialismo que las luchas de liberación nacional; no es lo mismo el imperialismo que los países subyugados económicamente; no es lo mismo Cuba que Estados Unidos; no es lo mismo el fascismo que el comunismo, ni la dictadura del proletariado es similar en lo absoluto a las dictaduras castrenses latinoamericanas.

        Al hablar de la historia «como el golpe que debes apren­der a resistir», al afirmar que «ya tengo el horror / y hasta el remordimiento de pasado mañana» y en otro texto: «sabemos que en el día de hoy está el error / que alguien habrá de con­denar mañana» ve la historia como un enemigo, como un juez que va a castigar. Un revolucionario no teme a la historia, la ve, por el contrario, como la confirmación de su confianza en la transformación de la vida.

        Pero Padilla apuesta sobre el error presente —sin contri­buir a su enmienda—, y su escepticismo se abre paso ya sin límites, cerrando todos los caminos: el individuo se disuelve en un presente sin objetivos y no tiene absolución posible en la historia. Sólo queda para el que vive en la revolución ab­jurar de su personalidad y de sus opiniones para convertirse en una cifra dentro de la muchedumbre para disolverse en la masa despersonalizada. Es la vieja concepción burguesa de la sociedad comunista.

        En otros textos Padilla trata de justificar, en un ejercicio de ficción y de enmascaramiento, su notorio ausentismo de su patria en los momentos difíciles en que ésta se ha enfrentado al imperialismo; y su inexistente militancia personal; con­vierte la dialéctica de la lucha de clases en la lucha de sexos; sugiere persecuciones y climas represivos en una revolución como la nuestra que se ha caracterizado por su generosidad y su apertura, identifica lo revolucionario con la ineficiencia y la torpeza; se conmueve con los contrarrevolucionarios que se marchan del país y con los que son fusilados por sus crí­menes contra el pueblo y sugiere complejas emboscadas con­tra sí que no pueden ser índice más que de un arrogante de­lirio de grandeza o de un profundo resentimiento. Resulta igualmente hiriente para nuestra sensibilidad que la Revolu­ción de Octubre sea encasillada en acusaciones como «el pu­ñetazo en plena cara y el empujón a medianoche», el terror que no puede ocultarse en el viento de la torre Spaskaya, las fronteras llenas de cárceles, el poeta «culto en los más oscu­ros crímenes de Stalin», los cincuenta años que constituyen un «círculo vicioso de lucha y de terror», el millón de cabezas cada noche, el verdugo con tareas de poeta, los viejos maes­tros duchos en el terror de nuestra época, etcétera.

        Si en definitiva en el proceso de la revolución soviética se cometieron errores, no es menos cierto que los logros —no mencionados en «El abedul de hierro»—, son más numerosos, y que resulta francamente chocante que a los revolucionarios bolcheviques, hombres de pureza intachable, verdaderos poe­tas de la transformación social, se les sitúe con falta de ob­jetividad histórica, irrespetuosidad hacia sus actos y descon­sideración de sus sacrificios.

        Sobre los demás poemas y sobre estos mencionados, deje­mos el juicio definitivo a la conciencia revolucionaria del lec­tor que sabrá captar qué mensaje se oculta entre tantas suge­rencias, alusiones, rodeos, ambigüedades e insinuaciones.

        Igualmente entendemos nuestro deber señalar que estima­mos una falta ética matizada de oportunismo que el autor en un texto publicado hace algunos meses, acusara a la UNEAC con calificativos denigrantes, y que en un breve lapso y sin que mediara una rectificación se sometiera al fallo de un concurso que esta institución convoca.

        También entendemos como una adhesión al enemigo, la de­fensa pública que el autor hizo del tránsfuga Guillermo Ca­brera Infante, quien se declaró públicamente traidor a la Re­volución.
        En última instancia concurren en el autor de este libro todo un conjunto de actitudes, opiniones, comentarios y pro­vocaciones que lo caracterizan y sitúan políticamente en tér­minos acordes a los criterios aquí expresados por la UNEAC, hechos que no eran del conocimiento de todos los jurados y que alargarían innecesariamente este prólogo de ser expuestos aquí.

        En cuanto a la obra de Antón Arrufat, «Los siete contra Tebas», no es preciso ser un lector extremadamente suspicaz, para establecer aproximaciones más o menos sutiles entre la realidad fingida que plantea la obra, y la realidad no menos fingida que la propaganda imperialista difunde por el mundo, proclamando que se trata de la realidad de Cuba revoluciona­ria. Es por esos caminos como se identifica a la «ciudad sitia­da» de esta versión de Esquilo con la «isla cautiva» de que hablara John F. Kennedy. Todos los elementos que el impe­rialismo yanqui quisiera que fuesen realidades cubanas, están en esta obra, desde el pueblo aterrado ante el invasor que se acerca (los mercenarios de Playa Girón estaban convenci­dos que iban a encontrar ese terror popular abriéndoles todos los caminos), hasta la angustia por la guerra que los habi­tantes de la ciudad (el Coro), describen como la suma del horror posible, dándonos implícito el pensamiento de que lo mejor sería evitar ese horror de una lucha fratricida, de una guerra entre hermanos. Aquí también hay una realidad fingida: los que abandonan su patria y van a guarecerse en la casa de los enemigos, a conspirar contra ella y prepararse para atacarla, dejan de ser hermanos para convertirse en trai­dores. Sobre el turbio fondo de un pueblo aterrado, Etéocles y Polinice dialogan a un mismo nivel de fraterna dignidad.

        Ahora bien: ¿a quién o a quiénes sirven estos libros? ¿Sir­ven a nuestra revolución, calumniada en esa forma, herida a traición por tales medios?
        Evidentemente, no. Nuestra convicción revolucionaria nos permite señalar que esa poesía y ese teatro sirven a nuestros enemigos, y sus autores son los artistas que ellos necesitan para alimentar su caballo de Troya a la hora en que el impe­rialismo se decida a poner en práctica su política de agresión bélica frontal contra Cuba. Prueba de ello son los comenta­rios que esta situación está mereciendo de cierta prensa yan­qui y europea occidental, y la defensa, abierta unas veces y «entreabierta» otras, que en esa prensa ha comenzado a suscitar. Está «en el juego», no fuera de él, ya lo sabemos, pero es útil repetirlo, es necesario no olvidarlo.

        En definitiva, se trata de una batalla ideológica, un enfren­tamiento político en medio de una revolución en marcha, a la que nadie podrá detener. En ella tomarán parte no sólo los creadores ya conocidos por su oficio, sino también los jóve­nes talentos que surgen en nuestra isla, y sin duda los que trabajan en otros campos de la producción y cuyo juicio es imprescindible, en una sociedad integral.

        En resumen: la dirección de la Unión de Escritores y Ar­tistas de Cuba rechaza el contenido ideológico del libro de poemas y de la obra teatral premiados.

        Es posible que tal medida pueda señalarse por nuestros enemigos declarados o encubiertos y por nuestros amigos confundidos, como un signo de endurecimiento. Por el con­trario, entendemos que ella será altamente saludable para la Revolución, porque significa su profundización y su fortale­cimiento al plantear abiertamente la lucha
ideológica.


Comité Director de la Unión
de Escritores y Artistas de Cuba

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LITERATURA CUBANA A PESAR DEL CASTRISMO (2)

CRONOLOGÍA BÁSICA DE LEZAMA LIMA:



1910: Nacimiento en La Habana, Cuba

1928: Egreso del Instituto de La Habana con el grado de Bachiller en Ciencias y Letras

1930: Comienza estudios de Derecho en la Universidad de La Habana con interrupciones producidas por problemas políticos con el régimen de Gerardo Machado.

1935: Publicación de su primer ensayo: "Tiempo negado" en la revista Grafos. Retoma sus estudios de Derecho.

1937: Publica su primer poema reconocido: "Muerte de Narciso", que le valió los elogios y amistad de Juan Ramón Jiménez. Funda la Revista Verbum. Se titula de Abogado.

1939: Funda la Revista Espuela de Plata que mantendrá hasta 1941. Se articula en torno a su figura el influyente grupo literario Orígenes.

1944: Publicación de su primer libro de poemas "Enemigo rumor" y comienzo de la revista Orígenes que llegó a lanzar 40 números hasta 1956.

1945: Trabaja como funcionario en el Ministerio de Educación hasta 1959. Publica dos libros de poesía y dos ensayos.

1953: Disolución del grupo Orígenes por diferencias internas. Desaparición de la revista.

1961: Es nombrado director del Departamento de Literatura y Publicaciones del Instituto Nacional de Cultura por el recién instalado régimen revolucionario. Paralelamente le afecta la abolición de los derechos de autor y la estatización editorial que lo obliga a presentar todas sus publicaciones a un "comité de calificación previa".

1963: Encuentro con Julio Cortázar con quien se estrechan lazos de admiración mutua y colaboración hasta la ruptura política de 1968. 

1964: Muerte de su madre.

1965: Publicación de Antología de la Poesía Cubana en 3 volúmenes.

1966: Concluye y publica su novela en clave poética "Paradiso, en la que trabajó al menos desde 1949. El texto tiene 550 páginas. Es considerado por muchos su mayor obra y una de las mayores de la literatura hispanoamericana. La novela es elogiada y difundida enérgicamente en México (O. Paz y C. Monsiváis) y Argentina. 

1967: J. Cortázar publicará el ensayo "Para llegar a Lezama" en 1967. Por su parte Lezama hace el prólogo de la edición cubana de "Rayuela". Comienzan los problemas políticos de Lezama con el régimen castrista, cuya crítica oficial calificó la novela como "hermética, morbosa, instigadora de la homosexualidad, pornográfica y antisocialista". Dentro de Cuba es defendido tímidamente por su círculo cercano y por el escritor oficialista Alejo Carpentier. Si bien la edición había sido autorizada por el comité de censura, es retirada de circulación y prohibida.

1968: Participa como jurado en el Premio Casa de Las Américas, votando de manera unánime por el libro "Fuera del Juego" del poeta Heberto Padilla. Una vez resuelto el premio el libro es censurado por la UNEAC y el jurado es llamado a retractarse por calificar el libro ganador como "contrarrevolucionario". Lezama Lima junto a los otros integrantes del jurado muestran su decisión indeclinable de mantener el premio, por lo cual el mismo es publicado con una indicación de la UNEAC donde se declara la "lucha ideológica" contra el autor. Lezama Lima es despedido de su trabajo. Posteriormente Heberto Padilla es detenido bajo el cargo de "sedición contrarrevolucionaria". Ruptura a nivel continental entre los partidarios del régimen y los que se desmarcarán para siempre de él. Cortázar adhiere al terrorismo de Estado castrista y se produce su alejamiento definitivo de Lezama. Aun así se publica la edición mexicana de Paradiso bajo el cuidado de Cortázar y Monsiváis.

1969: A pesar de su enfriamiento con el régimen publica su Obra Poética Completa y dos volúmenes de ensayos.

1971: Con posterioridad al congreso de la UNEAC en que el dictador Castro declara su famoso "Dentro de la Revolución todo; fuera de la Revolución, nada", la obra de Lezama es prohibida, retirada de circulación y su nombre declarado bajo interdicción. Se cancelan todas sus intervenciones en público y pasa a vivir un estado de exilio interno y ostracismo. Escritores como Delfín Prat, Virgilio Piñera, Heberto Padilla y Reynaldo Arenas pasan a ser detenidos y amedrentados sistemáticamente. Padilla se libra de una condena por sedición aceptando una declaración autoinculpatoria y una delación compensada de escritores "contrarrevolucionarios" por lo que accede a un proceso de libertad vigilada y "reeducación contra la desviación ideológica". Según todos los analistas, Lezama Lima se salva de procesos similares gracias a su consolidación intelectual en amplios sectores dentro y fuera de Cuba.

1972: Recibe el Premio Maldoror de poesía en España pero no es autorizado a viajar a recogerlo.


1976: Luego de 4 años de aislamiento, prohibición y dificultades económicas se debilita su salud, en especial un cuadro crónico de asma que padece desde niño. Se enclaustra para evitar ser hospitalizado hasta que el 8 de agosto de ese año es trasladado por amigos, contra su voluntad, a un centro hospitalario donde fallece al día siguiente por un infarto cardio-respiratorio.

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AMISTAD ENTRE VIRGILIO Y LEZAMA


Fueron amigos y compartieron suertes parecidas: contraculturales políticamente incorrectos, el ostracismo que les impuso la brutalidad castrista alcanzó niveles casi homicidas en ambos casos. Diferencias: Lezama fue una especie de católico panteísta y Virgilio un ateo pagano. Lezama vivió su homosexualidad de manera ligeramente platónica con obsesión por los ideales helenistas de culto a la belleza y a la inteligencia masculina juvenil. Virgilio vivió la suya de manera abierta y frontal, dirigida hacia las expresiones más marginales del erotismo. Ambos integraron el jurado histórico del concurso UNEAC que concedió el segundo lugar a Reynaldo Arenas por Celestino antes del alba en 1962. Ambos fueron mentores del joven Reynaldo. Éste cuenta en sus memorias, Antes que anochezca, que el cadáver de Virgilio Piñera fue secuestrado por la Seguridad de Estado de Cuba para evitar aglomeraciones en torno suyo, y fue devuelto 3 horas antes del sepelio. Prácticamente no tuvo velatorio. También existe la hipótesis de que su muerte se debió a un operativo de eliminación, al igual que en el caso de Lezama, no obstante los datos al respecto no pasan de ser especulaciones. Lo que sí es cierto es que ambas figuras tomaron categórica distancia del oficialismo intelectual cubano desde el juicio inquisitorial a Heberto Padilla en adelante, pagando un alto costo personal. Sus historias fidedignas y su valoración plena aún están pendientes, porque ese fenómeno sólo podría darse en un contexto de término del sistema político que les hizo la vida imposible. Todo lo demás son maquillajes, si bien los intentos de rescate actual no dejan de ser significativos: el centenario de Virgilio Piñera fue recordado con coloquios y ponencias sobre su obra; el premio literario anual Casa de las Américas lleva el nombre de José Lezama Lima y sus obras completas se han editado en Cuba, a la par que el interés por su obra mayor, Paradiso, ha ido en aumento. Esta novela en su momento de publicación fue aislada y su difusión fue censurada por tratar resueltamente la temática homosexual. El año 2008 se estrenó la película El viajero inmóvil, de Tomás Piard, basada en esta novela, que el año 1999 fue catalogada en el quinto lugar de las mejores obras literarias del siglo XX, según una encuesta especializada de la revista Time.

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HEBERTO PADILLA: La libertad me autoriza.


Heberto Padilla es la piedra del tope de la libertad de expresión. No sólo concierne a la poesía sino también a la política y a la historia. Su desafío audaz y creativo al atontamiento cultural de Cuba bajo el régimen autócrata de los Castro le costó la cárcel, la tortura, la humillación, la pobreza, el ostracismo y finalmente el exilio. Sobre su caso guardaron silencio los políticos de izquierda de todo el mundo y la "intelectualidad" se dividió con contundente saldo a favor de aquellos que se pronunciaron de manera oportuna contra la censura y persecusión de que fue objeto el poeta de "Fuera del juego". Por Padilla la Revolución cubana perdió a Carlos Fuentes, Octavio Paz, Juan Rulfo, Vargas Llosa y casi casi a Sartre y Cortázar. Pero estos últimos recayeron en su obsecuencia y su lealtad a la tiranía monopartidista encabezada por uno de los charlatanes más crueles de la historia, el todavía poderoso Fidel. Cortázar retomó la ovejuna militancia con un texto, presuntamente un poema, que bien podría incluirse entre los mayores adefesios de la literatura moderna: "Policrítica en la hora de los chacales". En 1971 después de 38 días de prisión en aislamiento como el que se aplica al peor delincuente, Heberto Padilla debió hacer una "autocrítica" y declarar sus supuestos delitos de pensamiento y palabra. Una comisión de la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas Cubanos) devenida en tribunal popular le tomó declaración durante un interrogatorio público, ridícula y arteramente televisado. Padilla se autoflageló a la manera de Galileo durante su juicio frente a la Inquisión varios siglos antes y declaró algo parecido a que el sol gira en torno a la tierra para salvarse de la hoguera, pero al igual que el viejo astrónomo tuvo oportunidad de su "...y sin embargo se mueve". En realidad nadie puede pensar que su mentada autocrítica pueda haber sido proclamada en serio; antes bien es fácil sospechar una intención teatral que lleva al extremo la exposición de la miseria intelectual de sus adversarios a través de la ironía y el absurdo. Los esbirros del castrismo en su inagotable ceguera se dieron por satisfechos. Uno de aquellos comisarios, Norberto Fuentes desclasificó hace poco el texto íntegro del expediente que permanecía en su poder con el interrogatorio inquisitorial y la autoinculpación de Padilla. El caso viene a pertinencia en momentos que la UNEAC hace una especie de perestroika con su historial de crímenes contra la libertad de expresión, dentro del proceso de maquillaje político-cultural en el que está envuelto el gobierno del sucesor del trono castrista, el viejo pistolero Raúl, inventor de las UMAP. Pero hace falta reconstituir la escena porque sus implicancias son aún relevantes. Y hace falta sobre todo resituar a un poeta de grandes dimensiones, de perfil altamente diferenciado en el concierto de la poesía hispanoamericana contemporánea. Padilla ha sido omitido en las antologías más consagradas de poesía, como es el caso de la realizada con celebridad por José Olivio Jiménez para Alianza Editorial. Por fortuna es fácil obtener las fuentes no corruptas por el tiempo y no hay excusas para no conocer FUERA DEL JUEGO y la "Autocrítica", propuesta aquella como una obra literaria más, con el tragicómico contexto de haber sido inspirada por hechos reales, como una novela testimonial. 



No deja de ser sabroso el episodio de "Antes que anochezca" donde Reynaldo Arenas cuenta que se encuentra con Heberto Padilla en una calle de Miami y lo ve tan destruido y convaleciente de su propia experiencia, que más le da la idea de un alma en pena que de una persona. En efecto sus libros fueron perdiendo poco a poco la fuerza expresiva conforme avanzaba su vida, sin por ello dejar de ser poesía y con frecuencia poesía mayor. El maridaje lírico-narrativo, lo urbano, lo doméstico-cotidiano, la ironía son sus sellos indelebles, la mirada universal frente al hecho más pequeño, el ritmo de la idea, el verso prolijo, son su sello.

En los siguientes enlaces ofrezco los pdf de los textos más significativos de este emblemático proceso, con el fin de dejar a disposición de los interesados las pistas de un bochorno colectivo del que pueden seguir sacándose lecciones. Y la poesía sale victoriosa.


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LITERATURA CUBANA A PESAR DEL CASTRISMO (1)


"LA ISLA EN PESO". HOMENAJE A VIRGILIO PIÑERA




Más allá de repetir aspectos biográficos de Virgilio Piñera que cualquier interesado puede consultar en otras fuentes, quisiera quedarme con la idea de que este autor parecía tener una tendencia natural para estar, incluso después de muerto, por obra y gracia de su palabra incómoda, siempre en el lugar equivocado. Sin embargo este lugar en su dimensión más puramente doméstica y acaso con el germen de lo que pudo ser un lugar ya no bajo sus pies sino en la historia de la literatura, pudo ser diferente. Virgilio Piñera vivió 12 años en Argentina, entre 1946 y 1958. Pudo quedarse allí, pudo tener otro destino. No hay registros entusiastas de la permanencia de Virgilio Piñera en Argentina. No se conocen grandes ediciones argentinas, seminarios, reportajes contundentes ni eco alguno de su obra en ese país, incluso bajo la salvedad de mencionar la publicación de "Dos viejos pánicos" que en 1968 viene blindado por el Premio Casa de las Américas y por tanto frente a la intelectualidad de izquierda tiene visa. Es posible que la intelectualidad argentina, copada del todo por la izquierda tendencial, persista en arrojar un manto de olvido sobre la obra del inclasificable cubano. Por otra parte cabe recordar que en 1959 la Municipalidad de Buenos Aires censuró la circulación de Lolita de Nabokov y no hubo intelectual de izquierda que lo denunciara. Ese mismo año Piñera vuelve a Cuba y ve llegar la nueva forma de totalitarismo que sucederá a la dictadura de Batista en un país que nunca en toda su vida republicana ha conocido la democracia plena. 

Virgilio Piñera discrepaba del clericalismo cultural de la corriente predominante durante el período pre-revolucionario y luego discrepó de la ortodoxia dogmática y policial del período post-revolucionario. Tuvo, por así decir, dos frentes de batalla que en el fondo eran uno mismo: la lucha por ser quién era. En el esfuerzo por conservar esta identidad amenazada, su condición homosexual aparece resignificada políticamente a partir de la persecución organizada que emprendió el régimen castrista contra ese segmento social. No es un activismo deliberado y dista mucho de ser la postura confrontacional de los círculos queer que hoy en día tienen tanta tribuna, con una contradictoria e hipócrita militancia de izquierda. La condición sexual anti-normativa y contracultural de Virgilio Piñera, así como fue el caso de Reinaldo Arenas y miles de ciudadanos cubanos que pasaron por los campos de concentración de las UMAP y otras formas de humillación y represión del sistema, es, más allá de cualquier postura política, una lucha por la sobrevivencia. Cabe hacer notar que el propio régimen castrista ha puesto a la cabeza de un departamento estatal para aplicación de políticas hacia la "diversidad sexual" a la propia hija de Raúl Castro que fue el organizador y gestor directo de las UMAP. La conocida comisaria Mariela Castro hasta la fecha no ha realizado un catastro ni ha aplicado un procedimiento de compensaciones a los afectados por represión y persecución estatal hacia las orientaciones sexuales no hetero-normativas durante el oscuro período que va desde 1961 hasta el episodio del desembarco del Mariel. Aun así la figura de Virgilio Piñera ha sido utilizada últimamente por algunos sectores de la intelectualidad cubana para dar una imagen de blanqueamiento del sistema o de aparente normalidad, limitándose a la difusión de reediciones de su obra, como es posible apreciar en el repugnante sitio de propaganda oficialista del castrismo, "Cubadebate".

Guillermo Cabrera Infante y Juan Goytisolo cuentan que Ernesto Guevara durante una visita a la embajada cubana en Argelia, lanzó por los aires un ejemplar del "Teatro Completo" de Piñera que encontró sobre un escritorio diciendo con gran molestia y tono intimidante "¿quién lee acá a este maricón?". En efecto, el tristemente célebre Che Guevara y Virgilio Piñera representaban, en muchos sentidos dos antítesis. El Che siempre bajo efecto de esa personalidad mesiánica y dogmática de exterminador que había adoptado, se mostraba imbatible, arrogante, agresor, con una presencia física teatralmente imponente (siempre el caminar cuadrado, la pistola al cinto, el uniforme), en tanto Piñera en las antípodas, era el ser esmirriado y casi tímido, sardónico, sensitivo y anti-dogmático por excelencia. Bajo esa circunstancia (tan parecida a la maldición del agua por todas partes) Piñera participó en la serie de reuniones entre los intelectuales cubanos y la dirigencia del Estado a propósito de la censura al documental "P.M". Cuenta Cabrera Infante en sus memorias que en una de las reuniones se pide la palabra y Virgilio Piñera frágil como una hoja al viento, toma el micrófono y declara en frente del propio Fidel Castro: "Yo quiero decir que tengo mucho miedo. No sé por qué tengo ese miedo pero eso es todo lo que tengo para decir". Ese ciclo de encuentros concluyó con el conocido lema militar de Castro en su "Palabra a los intelectuales", cuando dice "dentro de la Revolución todo; fuera de la Revolución, nada". Naturalmente el ámbito de esa nada fue siempre mucho mayor porque la no pertenencia de la cultura expresa todo cuanto no es posible de vigilar y castigar por un régimen. 

Es memorable el episodio contado por Reinaldo Arenas donde se dice que al producirse la muerte de Virgilio Piñera en octubre de 1979 el féretro con el cadáver fue secuestrado por la seguridad de Estado en el mismo funeral y conducido a gran velocidad hacia el cementerio de Colón por vehículos oficiales. La tragicómica escena cierra así un ciclo de vida marcado por el susurro, el miedo a la delación, el espionaje, la censura y la autocensura permanente.

Plantado frente al lenguaje poético cubano de su época desde el lado de un anti-barroquismo, desde el lado de un anti-pintoresquismo y un anti-optimismo tropical, construye un texto exuberante, barroco a su modo, surreal, con las densidades simbólicas insoslayables del trópico respecto de un hablante soporífero que resiste el pasmo con un lente hiperlúcido. Cintio Vitier llamó "antipoesía" a la propuesta de Piñera, pero este título no logró jamás asentarse con la misma fortuna que la corriente designada por Nicanor Parra. Es uno de los textos más relevantes y menos canónicos de la primera mitad del siglo XX no sólo para la literatura cubana sino hispanoamericana en general. Su escasa difusión y la estigmatización de su autor aún permanecen.

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VERTIENTES EN LA POESÍA DE CARLOS PINTADO




Carlos Pintado (Cuba, 1974) es escritor y esencialmente poeta, Licenciado en Lengua y Literatura Inglesa. Está radicado en EEUU desde 1997. Su libro Autorretrato en Azul le hizo acreedor del Premio Internacional de Poesía Sant Jordi en 2006 en España. Es jefe de redacción de la revista literaria La Zorra y El Cuervo. Su libro El Azar y los Tesoros fue finalista del premio Adonais 2008, en España.

Ha publicado los siguientes libros: 

La Seducción del Minotauro (cuentos, 2000)
Autorretrato en azul (poesía, 2006)
Los bosques de Mortefontaine (poesía, 2007)
Habitación a oscuras (poesía, 2007)
Los Nombres de la noche (poesía, 2008)
El azar y los tesoros (poesía, 2008)
El unicornio y otros poemas (Antología, Editorial Ruinas Circulares, 2011)
Cuaderno del falso amor impuro (Editorial Tigres de Papel, Madrid, España, 2014)

Recientemente, (octubre de 2014) ha recibido el Premio de Poesía Paz (en honor a Octavio Paz) por su libro inédito Nueve monedas. Este premio es convocado por The National Poetry Series de Nueva York y el Centro de Literatura y Teatro del Miami Dade College y está destinado a reconocer el trabajo de poetas de habla hispana en Estados Unidos.


Una poética de la ansiedad


La poesía de Carlos Pintado explora el verso libre y las estructuras métricas tradicionales, con privilegio del soneto, e incidentalmente también la prosa poética. Su poesía rimada tiende más a la tradición anglosajona, con predilección por el tema de la identidad desdoblada, la incertidumbre del tiempo, la conciencia escindida por las edades, los lugares y el misterio de la convivencia humana que va reasignando sentidos a la simbología íntima, con una sutil obsesión borgeana por los espejos. Su formación en literatura inglesa se deja sentir en esta veta de su obra, con guiños metafísicos que van desde Shakespeare hasta Eliot. Su poesía en verso libre en cambio parece tender más a la tradición romántica y neo-gótica con  ascendiente en las vanguardias franco-hispanas. Así hay guiños a Nerval, a la mitología latina (el deseo sublimado del unicornio), los espacios oscuros, melancólicos, silenciosos, poblados de aromas y recuerdos. Una tercera línea no menos significativa y aleatoria a ambas vertientes -la anglosajona y la francófila, la métrica y la libre- lo constituye el erotismo y la nostalgia del placer, con preeminencia de la amistad masculina en línea con la sensibilidad helénica, neo-platónica. El erotismo de Pintado es hipersensible, demandante hacia espacios de intimidad no agotados, difusos, con reclamo de la satisfacción pendiente como motor de una búsqueda que no descansa. El suyo es un amor en estado latente, no resuelto del todo, nunca agotado y por eso lleno de ansiedad, en permanente persecución, como intuyendo que una plenitud es posible pero se le escapa. La poesía de Carlos Pintado es culta y cruzada de referencias que la vinculan de manera resuelta a la cultura universal, mucho más amablemente que su compatriota Lezama, pero en cierto modo rebelde a la tendencia coloquial moderna, que goza de mayor popularidad. Carlos Pintado en su ser universal aparece también como un sujeto poético escéptico de los arraigos políticos o sexo-identitarios, aunque uno pueda advertir una circunstancia contingente que lo sitúa: es cubano pero vive en Miami; participa esporádicamente en eventos artísticos de expresión de diversidad sexual. Ambas cosas, con ser elocuentes de un espíritu insobornablemente libertario, no agotan esta voz holística, transversal, intemporal, que habla con palabras que no aceptan detenerse en los nichos de la contingencia. Carlos Pintado es poesía trascendente, hambrienta de belleza, que se plasma para restituir lo sagrado a la palabra humana.

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LAS VÍCTIMAS DEL REMOLCADOR "TRECE"





Del Diario de Cuba (diariodecuba.com), de este día 13 de julio de 2014:


"En la madrugada del 13 de julio de 1994, un ómnibus climatizado llegó al muelle de Salvamento, cercano a la central eléctrica de Talla Piedra, en un rincón de la Bahía de La Habana. Un grupo de entre 68 y 72 personas, entre ellas niños, bajó del vehículo y caminó en silencio por el muelle. Todos abordaron una embarcación de arrastre de buques conocida como remolcador. Los trabajadores de la empresa estatal de servicios marítimos, a la cual pertenecía ésta, la llamaban "El Trece". Un ingeniero de computación, Eduardo Suarez Esquivel, logró coordinar la huida con su cuñado Fidencio Ramel Prieto Jefe, quien trabaja en operaciones marítimas en el puerto habanero. Este, a su vez, trajo consigo al práctico y timonel de embarcaciones Raúl Muñoz.

El Remolcador 13 de Marzo era una embarcación con casco de madera. Estaba recién reparada e incluso poseía un motor nuevo. Sobre las 3 AM zarpó con todas las luces apagadas y comenzó a bordear la rada para evitar ser vista desde la capitanía del puerto.

Al enfilar proa rumbo a la boca de la bahía se le acercaron otros dos remolcadores, más modernos y con casco de acero, provenientes del vecino muelle de Regla. Estos embistieron al 13 de Marzo, e intentaron arrimarlo a los arrecifes en el área de Casablanca. Los atacantes bombardearon la cubierta con cañones de agua a presión. Estos cañones están concebidos para apagar fuegos en los buques. Bajo este asedio, el remolcador logró escapar mar adentro mientras otra embarcación se sumaba al asedio.

Las tres lanchas, denominadas Polargo 2, Polargo 3 y Polargo 5, incrementaron los chorros de agua a presión y los bandazos a medida que se iban alejando de la costa. A varias millas mar adentro una embarcación del servicio de guardacostas monitoreaba la operación.

Cuando las mujeres les gritaron a los atacantes que detuvieran el asedio, que allí iban niños, la respuesta fue una risotada acompañada de frases despectivas y el recrudecimiento de los chorros a presión. Varias madres con niños pequeños se refugiaron en la bodega de carga y el cuarto de máquinas del remolcador.

En una maniobra de ensañamiento, uno de los barcos atacantes chocó por la proa al agredido. Otro montó su proa en la popa del 13 de Marzo y se la partió, provocando el hundimiento y la muerte por ahogamiento de las personas que estaban refugiadas bajo cubierta. Para ese momento, el impacto de los chorros de agua había matado a unos cuantos más.

Una vez hundido el remolcador, las embarcaciones atacantes maniobraron con la intención de crear olas y remolinos de agua para ahogar a quienes aún intentaban mantenerse a flote. Detuvieron el ataque cuando fueron avisados de que un barco mercante, de procedencia griega, se hallaba cerca, en espera de acceder a la rada habanera.

Esa noche murieron asesinados 37 cubanos. De ellos, 10 eran niños."


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domingo, 20 de noviembre de 2016

NATURE BOY (1947)




La historia pudo ser más o menos así:

Corría el año 1947 y el Nat King Cole Jazz Trío terminaba de dar un concierto con un marco de público aceptable. Hacia el final se acerca un hombre al representante del músico y le dice que tiene una canción para mostrarle y pedir una opinión. Le extiende un papel de aspecto dudoso donde hay una letra y unos garabatos de pentagrama con una línea melódica. El representante de Nat King Cole lo aparta sutil o talvez no tan sutilmente. El artista observa la escena a distancia y luego pregunta. Su mánager le dice que se trata de otro loco que quiere mostrarle una canción anotada en un pedazo de papel sucio. N. K. Cole tiene una corazonada y le pide volver donde el hombre a recoger el apunte. Su representante se resiste pero ante la insistencia del artista, accede. Vuelve en cosa de 5 minutos y le entrega a N .K. Cole un papel  firmado por Edén Ahbez (escrito con minúsculas) con los garabatos de un pentagrama y una letra titulada "Nature Boy". El músico lo mira, lo tararea y piensa para sí: "es una belleza". Un poco después en el piano confirma que la melodía está perfectamente anotada y empieza a intuir un arreglo de cuerdas. La melodía va pidiendo sus acordes y en un instante está armonizada para ser cantada, aun tímidamente. Es estrenada en un próximo concierto y el público la recibe con admiración. Luego el músico se propone registrarla en disco y consagrar el arreglo que está en su cabeza desde el primer día. Necesita una orquestación con matices de Debussy o talvez Dvorak, algo impresionista, para una atmósfera de semi-vigilia sobre un muchacho misterioso que aparece como por arte de magia, duerme en cualquier sitio, camina desde lejos con más eternidad de la que su edad le permite y tiene una temprana lección que mostrar: el amor correspondido es el único tesoro que se puede esperar de la vida.


N. K. Cole junto a E. Ahbez
Cuando Nat King Cole decide registrar "Nature boy" en disco surge un pequeño problema: encontrar al autor para acreditarle los derechos que le corresponden. La canción ya estaba registrada en la Sociedad de Autores y Compositores de los EEUU. Pero los datos del autor no facilitan un domicilio. Por momentos se vuelve una misión imposible, hasta que en una indagatoria callejera con indigentes logran dar con el paradero de Edén. Vive en la colina del Monte Lee, más o menos debajo del letrero gigante de Hollywood, específicamente bajo la primera letra L . Hasta allá llega un representante de N. K. Cole a decirle que deberá bañarse después de varios años para encontrarse con el músico y hacer un documento de registro. La canción fue grabada en 1948 con un arreglo de cuerdas que Cole inscribió con una cláusula modal, de manera que no podía replicarse. Esto obligó por décadas a los distintos intérpretes a utilizar arreglos de los más variados, desde el tristemente célebre arreglo coral de Frank Sinatra hasta la versión instrumental ácida de Miles Davis, el bolero de José Feliciano, el pop new age de Demis Roussos o la versión smooth de George Benson. Es este último artista quien en 2013, ya liberado los derechos del arreglo, le ha hecho el mayor honor a la canción, con una versión inmejorable en su disco "Inspiración", dedicado a Nat King Cole.

N. K. Cole



















Edén Ahbez




















¿De qué habla Nature Boy? Del punto de vista biográfico parece remitirse a las colonias de Wandervogel de la juventud alemana en las que participó el autor durante su juventud: grupos proto-hippie y proto boy scout, cultores del naturismo, la excursión y sobre todo el nudismo con variantes cercanas al yoga comunitario. La atmósfera de encantamiento de su melodía, consolidada en el arreglo orquestal modélico, evocan los conceptos del amor libre, la vida nómade y un sutil erotismo. Su letra intenta capturar una imagen mágica del muchacho protagónico, el cual aparece de la nada, como una especie de ángel o heraldo del amor. El origen del muchacho es intemporal, perteneciente al presente remoto propio de los cuentos de hados: "Hubo una vez…". Es descrito como un adolescente que no cuenta con la experiencia pero sí con la sabiduría. Su mensaje esencial es: nada en la vida tiene más importancia que el amor correspondido. Y la pieza se cierra en su propio secreto, con armonía misteriosa en intervalos audaces, casi transparentes.



NATURE BOY (1947)
Autor: Edén Ahbez
Intérprete y arreglista: Nat King Cole (1948)



There was a boy
a very strange enchanted boy.
They say he wandered very far, 
very far
over land and sea
A little shy
and sad of eye.
But very wise 

was he.

And then one day
A magic day he passed my way
And while we spoke 
of many things
fools and kings

this he said to me
"The greatest thing you'll ever learn
is just to love and be loved in return".

The greatest thing you'll ever learn
is just to love
and be loved in return.


Hubo una vez
un extraño muchacho encantado.
Dicen que caminó muy lejos, 
muy lejos
sobre tierra y mar.
Un poco tímido
y con tristeza en sus ojos.
Pero muy sabio 
era él.

Y luego un día,
un mágico día pasó por mi camino.
Y cuando hablábamos 
de muchas cosas
sobre locos y reyes (cosas bobas e importantes)
esto fue lo que me dijo:
"lo mejor que jamás aprenderás
es amar y que tu amor sea devuelto".

Lo mejor que jamás aprenderás
es amar
y que tu amor sea devuelto.




enlaces recomendados:









ph: Tony Patrioli

ph: Konrad Helbig

ph: inconnue



Registros gráficos de Wandervogel: